Joffre Campaña Mora

Guayaquil para el futuro

Las grandes ciudades del mundo planifican su futuro. Hace poco escuchaba a Shirley Franklin, una de las alcaldesas más exitosas del planeta, señalar que en Atlanta existe un equipo de profesionales de primer nivel planificando la ciudad para los próximos cincuenta años.

Atlanta cuenta con el aeropuerto de mayor tráfico mundial: más de 85 millones cada año. Inauguró en 2005 el acuario más grande del mundo, con millones de visitantes cada año. Es sede de grandes empresas: Coca Cola, Delta Airlines, CNN; tiene centros universitarios de enorme prestigio, como Georgia Tech, Georgia State y la Universidad de Emory; es también sede de CARE, del Centro Carter y del Centro King.

Logró radicar allí, gracias a un acuerdo conjunto con Unitar (Instituto de las Naciones Unidas) el centro norteamericano de su programa de formación profesional de autoridades locales, Cifal, dirigido en la actualidad por un ecuatoriano, el señor Álex Mejía. Este organismo le ha permitido a la alcaldesa Franklin relacionarse con miles de organizaciones públicas y privadas y extraer y mostrar las llamadas “mejores prácticas” en diversos sectores, desde tratamiento de aguas, pasando por temas médicos e inclusive desarrollos turísticos. En definitiva, Atlanta nutre al mundo.

Como es obvio, este desarrollo vertiginoso no es casual. ¿Cómo llegó Atlanta a tener el aeropuerto de mayor tráfico del mundo y todos los logros indicados? Simplemente por la visión y esfuerzo de su gente, que se dedicó a pensar y construir su futuro, desarrollando las potencialidades de su ciudad.

¿Puede Guayaquil hacer lo mismo? Sin lugar a dudas que sí. Guayaquil requiere planificar su futuro. No detenerse en nimiedades ni pensar que lo logrado, aún cuando merezca aplausos, es suficiente.

Guayaquil debe explorar sus potencialidades. ¿Podemos ser un gran centro financiero de América Latina? Es claro que no y menos cuando quienes nos gobiernan, cegados por la ideología, serían felices estatizando la banca. ¿Podemos ser el granero del mundo? Evidentemente no, Guayaquil no es una ciudad agrícola. ¿Podemos traer grandes empresas de tecnología? No por ahora, ya que la falta de seguridad jurídica e inestabilidad política ahuyentan este tipo de inversiones.

Con este panorama ¿qué nos queda entonces? Creo que fundamentalmente dos frentes: el desarrollo turístico e inmobiliario y la formación académica.

Propongo que el Municipio de Guayaquil, con importante capital municipal, conforme una gran compañía de economía mixta para el desarrollo de grandes emprendimientos turísticos e inmobiliarios para competir con México, Panamá y República Dominicana. Esta compañía debe tener como accionistas privados a cuantos ecuatorianos crean en la seriedad del manejo del Municipio, incluyendo a quienes hoy reciben el bono, a secretarias, a conserjes, a profesionales, a maestros, a empresarios.

Junto con estos emprendimientos, que deberían ejecutarse a gran escala, generando empleo, riqueza y bienestar, Guayaquil requiere contar con centros de formación académica de calidad. Es claro que las universidades locales, salvo la Espol, no se sitúan al nivel de los grandes centros académicos del mundo. También el Municipio puede intervenir en esto.

Creo que es hora de profundas transformaciones. La modernización del Municipio es impostergable y creo que Jaime Nebot tiene una enorme responsabilidad con el futuro de la ciudad. Hasta ahora lo ha hecho muy bien, pero creo que tiene el enorme desafío, los próximos cuatro años, de dejar la ciudad con un impulso que ni aún el peor gobierno pueda detener.