La escritora española Ana María Matute en foto de mayo del 2005, en Madrid. Escribió su libro tras sucesivas hospitalizaciones.
La novelista española Ana María Matute reivindica la infancia y el poder de la imaginación y de la magia como armas para afrontar la vida en Paraíso inhabitado, una novela escrita con valentía y sin miedos, porque –dice– quizá sea la última.
“Nunca me he desprendido del todo de la infancia, y eso se paga caro. La inocencia es un lujo que uno no se puede permitir y del que te quieren despertar a bofetadas”, afirma Matute. En su nueva novela combina realidad y magia al reconstruir de forma magistral la infancia de la protagonista, Adriana. La autora está nerviosa, porque cree que ella se juega mucho con esta obra. Hacía casi una década que no publicaba; tiene 83 años, y, además, es el único libro suyo en el que hay elementos autobiográficos.
Sucesivas hospitalizaciones le impidieron acabar antes esta novela sobre la niñez perdida. Pero también tuvo que parar a veces de escribirla porque, según confiesa, se ahogaba al tratar de poner en pie sus recuerdos. “Era una sensación casi física; era demasiado para mí porque tenía que revivir muchas anécdotas que me pasaron a mí o a gente de mi entorno”, relata la escritora.
“Tal vez la infancia es más larga que la vida”. Esa frase de la novela da idea del gran interés que suscitan en la escritora la niñez y todo lo que la rodea: la magia que desprenden los cuentos, el poder de la imaginación, el descubrimiento del lenguaje o lo incomprensible que resulta a veces el mundo de los adultos, o de “los adúlteros”, como a ella le gusta llamarlos.
Paraíso inhabitado podría considerarse la culminación de una larga trayectoria literaria, que ha merecido premios muy importantes, entre ellos el Nacional de las Letras, de España.
La escritora recrea con maestría la vida cotidiana de una niña de la burguesía española, en los años previos a la Guerra Civil (1936-1939), pero de una niña dotada de gran imaginación para transformar la realidad y soñar con aquello que le gusta. La infancia de Adriana se evoca desde la vejez, desde esa época en la que uno “está a punto de decir adiós a cuanto le rodea”.
“Todo lo que cuento lo he vivido yo de alguna manera”, manifiesta Matute, que siempre ha tenido presente el mundo de la infancia, porque, dice, “es una etapa de la vida que marca totalmente”. En la protagonista del libro hay mucho de la niña que fue Matute y de su forma de ver el mundo. “Soy muy mayor y a lo mejor es mi último libro, no porque me falten ideas sino por motivos de salud: cualquier día me muero”, comenta Matute, aunque el brillo de sus ojos y su facilidad para sonreír parecen denotar lo contrario.