Ma. Isabel y su hermanito Ricardo son la fuerza de Gladys Reyes para soportar el dolor de la muerte de su esposo, hace 8 meses.
Viudas, huérfanos y personas que han perdido su fuerza física por los ataques de la delincuencia narran amargas historias ocurridas este año, en que la inseguridad “no fue solo una percepción sino que se agudizó”, sostiene una de las víctimas.
El departamento de Estadística de la Espol revela que entre enero y noviembre de este año hubo 219 crímenes. No constan en ese total los 25 asesinatos cometidos este mes, hasta el domingo pasado.
Este año la cena de Nochebuena no tuvo el sabor de siempre para Mario Villamar y sus hijos, Cristhian, de 20 años; y Royer, de 16. En realidad, desde hace cuatro meses ninguna comida sabe igual, porque Yenny Santillán Tobar, esposa y madre, respectivamente, ya no está junto a ellos.
“Su comida era rica, deliciosa”, expresa Mario. Sus ojos brillan cuando recuerda a Yenny, siempre preocupada de atender a su familia; o cómo era ella hace 20 años, cuando solo con seis meses de haberse conocido decidieron casarse. Quería estar a su lado hasta ser un viejito, dice, pero el 14 de agosto pasado la delincuencia se la arrebató.
Ese día, la mujer, que tenía 43 años, había salido de su casa en Los Vergeles a esperar el turno en el hospital Luis Vernaza para que atiendan a su hijo mayor, quien sufre de gastritis. Sin embargo, un disparo la hirió mortalmente en la cabeza en una balacera entre delincuentes y un pasajero del bus de la 63 Los Vergeles, donde ella iba.
El hecho dejó a su familia sumida en el dolor y a su hijo Cristhian, con un sentimiento de culpa, porque él cree que si no se hubiera enfermado su madre seguiría viva. Pero del verdadero culpable no se sabe nada, indica Mario, quien siente rabia al pensar que el asesino de su esposa sigue libre y tal vez acabando con más vidas.
El departamento de estadísticas de la Espol revela que en el 2007 hubo 224 crímenes en Guayaquil; mientras que entre enero y noviembre de este año se registraron 219, en el que no constan otros 25 asesinatos cometidos durante este mes, hasta el domingo anterior.
Según agentes de la Policía Judicial del Guayas, el aumento de las muertes violentas, que viene dándose desde agosto, se debe a los ajustes de cuentas entre bandas delictivas, como Los Choneros. No obstante, en los registros de esa entidad se anota que 58 de los crímenes de este año tuvieron como móvil la venganza; mientras 72 personas fueron asesinadas durante asaltos. Del resto de casos, aún no se determina las causas.
“La gente a veces pone la denuncia, pero luego ya no quiere seguir el trámite”, afirma sin identificarse un agente de la Brigada de Homicidios.
Para los familiares de las víctimas iniciar un juicio significa, además de un proceso costoso y demorado, poner en riesgo su vida por las represalias que puedan tomar los acusados.
“Yo ya no quiero saber nada, quiero estar sola con mi dolor porque sé que si me pongo a pedir justicia, primero me matan a mí y a mis hijos”, expresa la esposa de un comerciante que fue asesinado en el suburbio por robarle el celular.
Asimismo, la madre de un joven que murió abaleado en el Guasmo sur estuvo durante tres meses yendo a la PJ-G para ver si había alguna noticia sobre el paradero del asaltante que mató a su hijo. Sin embargo, hace dos semanas que ya no va a la Policía porque perdió la esperanza de hallar al culpable. “Los policías dicen que cuando es muerte por robo es difícil localizar al delincuente, porque generalmente no dejan pistas para poder ubicarlo”, menciona la mujer, quien ha comenzado a resignarse a la impunidad.
Por el miedo de que le hagan daño a sus hijos, a Gladys Reyes también le ha tocado aguantarse la rabia que siente contra los asesinos de su esposo, Ricardo Vera, de 27 años, quien murió de un tiro en el corazón el 14 de abril anterior.
Fue por el primer puente de la vía Perimetral, cerca del sitio por donde vive ahora la mujer, pues al perder a su cónyuge no tuvo dinero para pagar el arrendamiento de la casa que tenían en el suburbio.
Ocurrió cerca de las 17:00, cuando Ricardo conducía un bus de la línea 35 y tres sujetos le dispararon porque se resistió a ser asaltado. Es que unas horas antes, el hombre había sufrido otro robo.
“A mí me dolía la cabeza y no pude acompañarlo en esa vuelta, como siempre lo hacíamos con nuestros hijos (de 2 y 5 años). Tal vez nos hubiesen matado a todos, tal vez no hubiesen matado a nadie, tal vez ahorita estuviera vivo”, se lamenta la mujer mientras se seca las lágrimas.
Llora a diario, al menos 20 veces, dice. Cuando escucha una canción que su esposo le dedicó, cuando recuerda que él entraba a la casa y sus hijos se pegaban a sus piernas a hacerle cosquillas, al pasar por las calles por donde él empujaba el coche del pequeño Ricardo (el último de los niños) y al ver el parecido entre el pequeño y su padre.
“Uno piensa que lo peor es ver muerto a quien quiere, pero lo peor viene después, cuando tu hijo te pregunta cuándo llegará su papá o como el día en que sepultamos a Ricardo y en la noche, cogí el celular y pensé en llamarlo. ¡Qué estúpida! si él ya no estaba”.
Gladys también llora cuando ve en las noticias sobre otro crimen y comienza a preguntarse qué será de la familia de esa víctima. Llora de coraje cuando escucha a los que dicen que la inseguridad es solo una percepción. “Si fuera solo percepción, ¿dónde está mi esposo? ¿por qué ya no está conmigo? ¿por qué mis hijos no lo verán mientras crecen?”, cuestiona.
Cifras
18 Personas han muerto este año en robo a buses.
10 Víctimas son pasajeros, 5 eran choferes y el resto, supuestos asaltantes.