“No soy su padre biológico, pero sí por amor”
Hace tres años estaba metido en problemas con una chica que había salido embarazada. Supuestamente el hijo era mío, pero siempre tuve dudas al respecto porque ella en varias ocasiones me había demostrado con su comportamiento que era capaz de engañarme con otro.
En una ocasión me dijo que estaba recibiendo clases de inglés en una academia, pero al ir a buscarla sus compañeros me dijeron que efectivamente estuvo, pero que se había ido con muchacho, y al indagar supe que él la veía frecuentemente. Después me decía que estaba en el Malecón con su mamá, y al llamar a su casa resulta que la señora estaba cocinando. Por último, un día se había ido de viaje con una amigas, pero también estaba incluido el mismo chico que la buscaba a la academia. Al reclamarle me decía que eran ideas mías y que debía dejar los celos infundados. Nuestra relación aparentemente marchaba bien, hasta que una tarde me dijo que estaba embarazada. La noticia me cayó como un balde de agua, no podía creerlo, porque siempre usé condón y ella me decía que podía ocurrir. Por esa razón consulté a El Especialista y al leer la respuesta pude darme cuenta de que podía despejar mis dudas mediante un examen de paternidad llamado ADN. No fue fácil convencer a la chica de que después del nacimiento del bebé los tres nos hiciéramos la prueba, pero lo logré. Acudimos al Departamento de Genética de la Cruz Roja y el resultado fue negativo.
Había comprobado que tenía la razón, que el bebé no era mío. Sentí una gran decepción, porque mi mujer me había jurado que yo era el padre. Sin embargo, después de meditarlo, pensé que el niño no tenía la culpa de la irresponsabilidad de la madre. Tomé la decisión de convertirme en su padre, porque me había encariñado. También porque mi novia me juró que jamás me volvería a fallar y hasta ahora todo ha marchado bien. Incluso acudimos adonde una orientadora familiar para que nos ayude a salir adelante y hemos tratado de entrar a curso de paternidad responsable para convertirnos en buenos padres y que nuestro hijo pueda ver en nosotros un ejemplo.
Ricardo,
Guayaquil
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