Tradicionalmente, terminada la Navidad (cuyos preparativos y celebraciones nos tomó buena parte del mes en curso y mucho de nuestros recursos), ha llegado la hora de pensar en el último gran evento del año. Hoy, Día de los Inocentes, estamos a medio camino entre las dos fiestas y es un día muy apropiado para reflexionar sobre nuestro recorrido durante el 2008, sobre qué hemos hecho y qué hemos aprendido de lo que hemos hecho. También debemos meditar sobre lo que debimos haber hecho y no hicimos.
Es muy necesario hacernos estas preguntas porque el próximo año nos va a ofrecer menos alternativas, y no vamos a poder darnos el lujo de malgastar respuestas como en el pasado. Nos va a tocar jugar con menos fichas, y de menor valor; debemos meditar profundamente sobre cómo jugarlas, y para esto la experiencia debe ser nuestra gran asesora.
Lo bueno
Conviene empezar haciendo un recuento de lo positivo, recordando las bendiciones recibidas, los momentos gratos que pudimos compartir con la gente que queremos, con algunos de ellos tal vez por última vez; los problemas (de salud, económicos) que pudimos evitar, atenuar o resolver para otras personas o para nosotros mismos; el consuelo que pudimos ofrecer o recibir en el momento necesario; la renovación de los lazos de amistad y de unión familiar, entre los más importantes.
El actualizar estas vivencias nos fortalecerá anímicamente, y con toda seguridad nos proporcionará la dosis extra de fe y optimismo que vamos a necesitar para vencer el escepticismo y la desconfianza que, según los expertos, nos acechan detrás del nuevo calendario.
Lo malo
Lo negativo también tuvo su espacio, es parte de la vida. Con toda seguridad no estamos orgullosos de todo lo que hicimos, y el no haber actuado cuando y como debimos hacerlo nos causa sentimientos de culpabilidad o vergüenza. Hubo ofensas causadas y ofensas recibidas, muchas de ellas sobredimensionadas debido a la interpretación emotiva que se les dio en el momento crítico.
Esta es la hora de hacer un análisis sobrio y realista del significado y valor de la amistad y hacer esfuerzos por recuperar la armonía con aquellos amigos y familiares que se han alejado o hemos dejado alejar. Es la hora de hacer llamadas, visitas, reparaciones. Debemos eliminar las áreas conflictivas y sentirnos preparados y respaldados para poder enfrentar con éxito las eventualidades que nos esperan. Y no existe apoyo más fuerte que la solidaridad de un amigo.
Lo difícil
Tal vez la parte más difícil, por ser la más importante, es mirar críticamente hacia nosotros mismos, ya que solamente reconociendo nuestras fallas podremos superarlas. Las circunstancias exigen que nos califiquemos con objetividad. Debemos preguntarnos si merecemos “pasar de año” en todas las “materias” bajo nuestra responsabilidad. Muy probablemente no en todas.
Tal vez en alguna ya estábamos “repitiendo el año” por negligencia o despreocupación. Preguntémonos, por ejemplo si fuimos tan buenos padres, hijos, hermanos o amigos como pudimos serlo. ¿Cumplimos a cabalidad con nuestro trabajo? ¿Fuimos justos y considerados con nuestros subalternos? ¿Tratamos bien a nuestro cuerpo? ¿A nuestra mente? ¿Honestamente, merecemos estar en el Cuadro de Honor?
Evidentemente hay bastante material para trabajar el próximo año. Lo más probable es que el año entrante tengamos que tratar materias nuevas, más difíciles, con profesores menos capacitados o comprensivos, sin reglas claras. Va a ser un año duro. Esforcémonos para sobresalir en las materias que dependen exclusivamente de nosotros.