Un poco de ninguna parte y de todas, Graham Watkins ha pasado varios años de su vida en el Ecuador, siempre involucrado con ciencia y conservación.
Nació en aquel país del que sabemos poco, que incluso olvidamos se encuentra en nuestro continente, Guayana. Su familia, de origen galés, se trasladó luego a Trinidad y Tobago para finalmente retornar a Gran Bretaña, donde Graham estudió secundaria y universidad, obteniendo su grado en Zoología en Oxford.
Corrían los años 1980 y el Ecuador estaba en pleno boom camaronero. Esto atrajo a muchos jóvenes biólogos del mundo, y los Watkins, Graham y su hermano Andy, decidieron probar suerte en la península de Santa Elena trabajando en un laboratorio de larvas. Cuando llegó el momento de hacer su PHD en Ecología y Evolución, Graham eligió la Universidad de Pennsylvania.
Su tesis lo traería de vuelta al Ecuador para estudiar lagartijas en su querida península de Santa Elena. Un poco más al oeste, seiscientas millas para ser exactos, las islas Galápagos empezaban a ejercer su embrujo sobre este joven biólogo que decide en 1987 convertirse en guía del Parque Nacional.
Por 18 meses Graham recorre el archipiélago a bordo de la MN Explorer, hace grandes amigos y se deja cautivar por ese no sé qué de Galápagos, una mezcla de tierra de Peter Pan, de ganas de dar lo mejor de uno mismo, de celeste de cielo en julio y azul de mar profundo.
El embrujo
No me cabe duda de que en su tiempo de guía Graham cayó bajo el encantamiento delicioso de las islas. Aun así tuvo la fuerza de continuar su camino, retornando a su natal Guayana como director del Centro Internacional Iwokrama para desarrollo y conservación del bosque tropical.
Pero el imán de Galápagos seguía ejerciendo su efecto, así que en el 2005 Graham regresa al archipiélago, esta vez como director ejecutivo de la Estación Científica Charles Darwin.
Las ideas bullen en la cabeza de Graham, está lleno de energía, viene con la experiencia de haber dirigido un centro donde también había conflictos, una Guayana de 9 etnias, bastante fraccionada. Tiene muy claro lo que quiere, básicamente iniciar un proceso de cambio en la estación. Para esto sus prioridades son: bajar el nivel de conflicto, trabajar en conjunto con otras instituciones y hacer ciencia social, más integrada a la comunidad.
Pero en Galápagos todo transcurre muy lentamente, y si bien pasan bastantes cosas positivas, los caminos son largos, llenos de curvas y cuestas. Las organizaciones de Gobierno que tienen que ver con las islas suman aproximadamente 50, de las cuales 40 poseen oficinas en el archipiélago. Además existen 180 organizaciones no gubernamentales involucradas con Galápagos.
La estación Darwin maneja relaciones con 400 organizaciones a la vez. Así los esfuerzos se diluyen, las ideas se dispersan, no hay unidad en la toma de decisiones, falta gobernabilidad y llegar al consenso es casi imposible.
Sin embargo Graham sonríe al referirse a sus cuatro años de director. Se lo nota tranquilo, satisfecho; después de todo Galápagos sigue siendo ejemplo de manejo ante el mundo, y muchas cosas se han logrado durante su administración. Pudo crear conciencia a nivel interno de que urgía un proceso de cambio, y sobretodo que era posible lograrlo. A través de análisis internos y externos la estación se volvió a reinventar en estos últimos cuatro años, a replantearse y dejar muy en claro la misión para la cual fuera creada: proveer información y apoyo.
Pero es tiempo de partir, una vez más a su Guayana natal, donde no es visto como extranjero, sino como hijo de esas tierras con el mismo derecho a proponer y luchar. Acá, a pesar de que la mayoría de los residentes de las islas hemos llegado en los últimos diez a veinte años y provenimos de continentes diversos, cada uno se siente con derecho a proclamarse más galapagueño que el otro, haciendo oídos sordos a los que tal vez no tengan el carnecito de Ingala, pero que en años y buenas intenciones pueden ser tanto o más galapagueños que los demás.
La interrogante
Y le pregunto, ahora que puede mirar las cosas un poco desde fuera, “¿Crees que es realmente posible que logremos coexistir humanos y naturaleza en Las Encantadas?”. Su respuesta es definitiva y segura “Si, por supuesto. La solución final está en la gente que habita las islas, en crear liderazgo. También hay que enfocarse en la educación y el manejo sostenible del turismo. El control de la población ya existe, a través de la ley especial de Galápagos, lo que falta es un manejo efectivo del turismo. Sabemos que los impactos directos de esta actividad son leves.
Los sitios de visita y sus especies están en las mismas condiciones que cuando fui guía, e incluso mejores, con el logro de la completa erradicación de chivos de muchas islas, y de ratas, gatos, cerdos, plantas introducidas de otras. Pero los impactos indirectos del turismo son peligrosos y varios. La actividad se desarrolló demasiado rápido y por tanto no fue posible anticiparse con la adecuada planificación. Ahora muchos dependen del turismo, de un 65% a 70% de la población, por lo que hay que regularlo con cautela”.
Graham calcula que existen aproximadamente 25 grupos diferentes que toman decisiones con respecto al turismo en Galápagos. “Incluso si la política de Estado es correcta en el manejo, luego de pasar por 25 canales, los resultados serán otros. Tampoco se puede simplificar demasiado el proceso”.
Yo lo podría escuchar por horas. Graham, a mi parecer, tiene las cosas muy claras, y así las expone. Tiene encasillado cada problema con su posible solución y probables consecuencias, con una lógica que no se puede discutir. Entonces ¿por qué no ha sido de aplastar un botón, y ya, Galápagos perfecto, resuelto en 4 años?
Las variables impredecibles siempre somos los humanos, la complejidad institucional, los intereses varios, los unos versus los otros.
Pero Graham sigue optimista. Ha cumplido con sus cuatro años de director y está a punto de publicar su libro Galápagos, los dos lados de la moneda. A pesar de que el embrujo de Las Encantadas vive en él y tal vez un día lo haga sucumbir nuevamente a su llamado, hoy Graham sigue su camino en busca de otros retos, siempre ávido de aprender y sobretodo de dar.