Esa fue la primera pregunta que me hice al entrar en un restaurante que no tiene nada que ver con China. Pregunté a quien había escogido aquel nombre: la contestación resultó ser graciosa. “No sé...quizás un recuerdo subliminal de King Kong; me gustó la palabra, suena como un campanazo”. La verdad es que me sentí más cerca de Nueva York que de Beijing. El ambiente, cálido, incorpora el ladrillo a la decoración; la ubicación esquinera en el centro comercial La Piazza, cerca de Nuvó y de Chez Stephane, ha sido muy acertado. El bar ocupa un lugar estratégico, existe la posibilidad de escoger entre el ambiente climatizado o las mesas al aire libre.
Veintiséis tipos de vino tinto se ofrecen en la carta, desde una media botella de Cardos por $ 10 hasta el emblemático Almaviva de $ 200. Los blancos van de $ 22 a $ 42. Creo que es razonable, pues muchos restaurantes no duplican sino se atreven a triplicar los precios, lo que siempre hemos criticado. El chef es Marco Armas: con buena hoja de ruta se esmera por ofrecer lo mejor. El Kong no ha hecho hasta la fecha mayor publicidad, es posible que ustedes lo oigan nombrar por vez primera. Salí de allí con una buena impresión, tomando en cuenta que estamos en etapa de rodaje, peleando su puesto el nuevo sitio.
Los scallops, conchas peregrinas, en salsa de vino blanco con trozos de tocino tostados ($ 7,99), son sabrosos pero disminuyendo por unos minutos la cocción se podría obtener mariscos más suavecitos. La concha peregrina, como la ostra, siendo muy susceptible en su textura, hay que saltarla con cierta rapidez. Buena onda es la del cebiche de salmón con champiñones: algo novedoso. Muy al gusto norteamericano salen los quesos en salsa de hongos, miel, nueces, siendo el brie la especialidad ideal para este tipo de combinación.
El atún Tataki es paréntesis de comida japonesa, recuerdo del Sake donde el dueño también tiene acciones. Mención especial para los pimientos asados acompañados por el queso griego (feta), el carpaccio de carne, láminas finísimas con vinagreta italiana, cortes de queso parmesano y manchego, el carpaccio de salmón con crema garría y alcaparras (armoniosa combinación).
No me convenció mayormente la corvina al vapor con mantequilla negra, a pesar del excelente sabor que ostentaba el pescado, El chef Marco se muestra temeroso a la hora de llevar su mantequilla hasta el punto oscuro sin llegar a quemarlo. Sé que el toque preciso necesita buena mano. El resultado de Marco es una mantequilla rubia que no ofrece el sabor típico que se requiere para este plato. La mantequilla negra es muy sabrosa, puede hasta cambiar dramáticamente el sabor de un simple puré de papas ($ 9,50).
Los aficionados a la carne escogerán un bife importado en salsa de hongos o a la pimienta, siendo más original quizás el lomo en reducción balsámica. Sabrosa es la ternera en salsa de frambuesa: recomiendo en este caso un vino Sirah, un suave Merlot.
No probé ni puedo opinar acerca del risotto de espárragos con cuatro quesos. Los postres son delicados; me gustó particularmente la sencilla pero impecable espuma de chocolate ($ 4,50). Buen café expreso.
Se cuenta con la privacidad de La Piazza y facilidades para el estacionamiento.