Sábado 27 diciembre País

Chigualos afianzan la tradición oral manabita

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PICOAZÁ, Manabí. Entre juegos, versos y amorfinos se desarrollan los chigualos en las zonas rurales.

“Ayer pasé por tu casa, te vi comiendo ardilla y los dientes te traqueaban como pedo en bacinilla”, es uno de los amorfinos o frases rimadas que aún recuerda Margarita García a sus 62 años de edad.

Ella, de larga cabellera ceniza y brazos delgados, tiene las mejores experiencias de los denominados “chigualos”, en los que aprendió la mayoría de este conocimiento ancestral que incluye cánticos, diálogos en forma de amorfinos y juegos.

García aprendió de sus padres, primos y amigos durante su infancia y adolescencia, cuando reunirse en medio de la campiña manabita era habitual en tiempos que escaseaba la energía eléctrica y no había mayor distracción que sentarse a conversar bajo la luz de las velas o candelabros luminosos.

Precisamente esta actividad denominada “chigualos” se convirtió en la mejor excusa para socializar, conocer gente y hasta enamorarse.

García comenta que en una de estas reuniones conoció a quien hoy es su esposo. “Era el único lugar donde podíamos al menos rozar la mano de quien nos robaba más de un suspiro. Yo comencé a participar a los 18 años, y a los 22 me casé”.

La fiesta se organizaba noche a noche casi de forma improvisada por los habitantes de alguna comunidad rural, quienes preparaban los típicos manjares como rompope o la tradicional tonga.

Luego de rezar cánticos navideños se iniciaban un sinnúmero de juegos. Entre los más conocidos está la granada, que era un concurso de adivinanzas en el que se enfrentaban los hombres contra las mujeres.

El integrante de una de estas agrupaciones daba pistas a su rival de algún objeto, fruta o nombre que debían adivinarlo. Si el grupo consultado adivinaba la respuesta, ellos tenían opción a halar de los cabellos, o de pedir las prendas de vestir a sus contrincantes.

Algunos juegos eran con canto incluido, como la ronda de la sortija, en la que sus participantes tarareaban  una melodía.

La pájara pinta, arroz con leche, la sortija, la zapatilla y otros juegos, acompañados de versos, son el complemento de esta fiesta que terminaba en varios sitios de Manabí en las primeras horas del día siguiente.

Pero estas tradiciones fueron desapareciendo hace más de tres décadas.
Según Alberto Miranda, director del grupo Fortaleza de la Identidad Manabita, no hay un registro para establecer desde cuándo esta festividad se da en los campos de esta provincia.


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