El tacto es la madre de todos los sistemas sensoriales, tan sensible que la punta de un dedo puede detectar una bolita no más grande que el diámetro de una célula bacteriana. Es el primer sentido que se despierta durante la gestación y el último en desaparecer.
“El tacto es tan fundamental para lo que somos, que casi no podemos imaginarnos sin él”, declaró Chris Dijkerman, neuropsicólogo en el Instituto Helmholtz de la Universidad de Utrecht, en los Países Bajos.
Descuidado durante mucho tiempo en favor de la vista y el oído, el estudio del tacto ha estado ganando nuevo prestigio entre los neurólogos, que a veces se refieren a él como háptica, que en griego significa tacto. Exploran las implicaciones de ilusiones táctiles recién reportadas, de personas a las que se les hizo sentir como si tuvieran tres brazos o que estaban levitando, para a comprender cómo funciona la mente. Otros recurren a la háptica para construir mejores aparatos de pantallas sensibles al tacto y manos robóticas.
Susan J. Lederman, profesora de psicología en la Universidad Queen’s, en Canadá, apuntó que aunque podemos percibir algo visual o acústicamente desde una distancia, si queremos enterarnos de algo a través del tacto, debemos tomar una acción. “El contacto es una calle de doble sentido, y esto no es cierto con la visión o la audición”, añadió. “Si tienes un objeto suave y lo aprietas, cambias su forma”.
Otra característica que distingue al tacto es su amplia distribución. Mientras que los receptores sensoriales para el oído, la vista, el olfato y el gusto están agrupados en la cabeza, convenientemente cerca del cerebro que interpreta los frutos de sus vigilias, los receptores del tacto están dispersos por toda la piel y el tejido muscular y deben transmitir sus señales por medio de la médula espinal.
Nuestras manos son brillantes y pueden hacer muchas tareas automáticamente, como abotonar una camisa, introducir una llave en una cerradura, escribir a máquina sin ver el teclado, o tocar el piano.
Lederman y sus colegas han mostrado que personas con los ojos vendados pueden reconocer fácilmente una amplia gama de objetos colocados en sus manos.
Sin embargo, en algunas tareas táctiles, el tacto tiene sus límites. Cuando a las personas se les da un dibujo en relieve de un objeto común, tienen problemas.
“Si todo lo que tenemos es información del contorno -comentó Lederman- sin peso, ni textura, ni información térmica, pues, somos sumamente malos para ello”.