Domingo 21 diciembre The New York Times

La vista desde Júpiter

El Mundo

Robert Kagan observó hace unos años que “los estadounidenses son de Marte y los europeos son de Venus”. La frase plasmaba la tolerancia de Estados Unidos por la guerra en aras de sus intereses o ideales, así como la preferencia de la posmoderna Unión Europea por una actitud multilateral pacífica.

La expresión reflejó también los aspectos internos de dos sociedades: el entusiasmo estadounidense por el capitalismo salvaje versus la inclinación europea por la socialdemocracia en la que el bienestar social equilibra la aspereza del mercado.

A los estadounidenses les gusta caricaturizar a los europeos como seres mimados que disfrutan de semanas laborales de 35 horas, mientras que los europeos critican la crueldad de un sistema estadounidense que no brinda cobertura médica a 45 millones de ciudadanos. Esos son los términos de la guerra cultural transatlántica.

Pero ahora tanto los estadounidenses como los europeos parecen de Júpiter, un planeta de dimensiones suficientes como para que se reconcilien las diferencias. Sin duda Marte y Venus acercaron mucho en los últimos años.

El costo de dos guerras apaciguó la belicosidad estadounidense. Al mismo tiempo, el desastre financiero dio lugar a la creación de un fondo de rescate de 700.000 millones de dólares, el tipo de intervención estatal por la que alguna vez los estadounidenses se mofaban de los europeos. El mercado estadounidense fue domado con una buena dosis de socialismo.

Por supuesto, las guerras de Irak y Afganistán continúan, pero Robert Gates, el secretario de Defensa al que el presidente Barack Obama hizo bien en conservar, dijo hace poco que “la guerra es inevitablemente trágica, ineficiente.”

Criticó el emprendimiento bélico de Rusmfeld, Cheney y Bush por la irresponsabilidad de sus autores.

La guerra en Irak se desacelera y Obama prometió ponerle fin. En Afganistán, donde la lucha será larga, europeos y estadounidenses participan por igual.

El equivalente financiero del irresponsable “Golpear y aterrar” de Rumsfeld fue “sub y prime”. Desapareció un gran nombre –Lehman Brothers– y lo habrían hecho muchos más de no haber sido por la intervención del Estado. General Motors y Chrysler dicen que, sin asistencia nacional, se quedarán sin efectivo para fin de año.

Todo eso provocó una reconvención europea. Sin embargo, muchos europeos debieron admitir que tuvieron una conducta más estadounidense de lo que les gustaría aceptar en cuanto a hábitos financieros.

Los bancos sintieron el sacudón. Desde Gran Bretaña hasta España, el auge económico basado en el aumento de las propiedades y el elevado apalancamiento se desplomó. El capitalismo salvaje estadounidense no fue un extraño en las costas europeas.

¿En qué lugar de Júpiter nos deja todo eso? Creo que Obama tiene la oportunidad de aprovechar esta constelación para una reconciliación transatlántica, reformular la guerra contra el terrorismo de forma tal que estadounidenses y europeos participen por igual, e impulsar ideas europeas –como la cobertura de salud universal y los trenes de alta velocidad– con las que la sociedad se vería beneficiada.

A veces sueño con un lugar llamado Eumérica donde los bifes y las heladeras pueden ser estadounidenses, pero en el que haya café italiano, atención médica francesa, universidades estadounidenses con aranceles europeos, (ausencia de) límite de velocidad y autos alemanes, una ética de trabajo estadounidense y una ética del placer europea.

Hasta en el nuevo Júpiter estamos muy lejos de esa visión idílica. Eso puede terminar por ser bueno. El rescate de la industria automotriz de Estados Unidos me recuerda demasiado los subsidios europeos.

¿GM es la nueva Alitalia? Estados Unidos aún necesitan un toque de Marte.

De lo contrario, ¿de que podrían quejarse los europeos?

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