MONTECRISTI, Manabí. Alfredo Moreira (d), del Instituto de Patrimonio Cultural, junto al alcalde, Cristóbal Toro.
Huellas de pérdidas de objetos en los altares laterales y falta de mesones fueron las novedades que registró Alfredo Moreira, director regional del Instituto Nacional de Patrimonio Cultural (INPC), luego de auscultar el interior y exterior de la Basílica Menor de Montecristi.
El templo lleva dos semanas cerrado, luego de que el arzobispo de Portoviejo, Lorenzo Voltollini, bajo decreto, determinara el cierre del establecimiento religioso el pasado lunes 7 de abril.
Según Moreira, su trabajo es evaluar cómo se encuentra actualmente la basílica para, antes y después de la llegada del párroco Reinaldo Franco, elevar un informe para dilucidar si ha existido o no un cambio inadecuado al interior de la basílica de Montecristi.
“Si hay un inventario y comprobamos que el bien pertenece y está dentro de este contexto tiene que volver a su sitio original, por eso requerimos esa información necesaria”, declaró Moreira, quien anunció que conversará no solo con los miembros del Arzobispado de Portoviejo, sino también con el arzobispo de Guayaquil, Antonio Arregui.
En lo que sí fue enfático el delegado del INPC es que del interior de la basílica no podrá retirarse ningún objeto o imagen, apoyándose en el acuerdo promovido por la Asamblea Constituyente que, el pasado 28 de enero, declaró a Montecristi como Patrimonio Histórico y Cultural del país.
En el recorrido también participaron delegados del comité pro defensa de los intereses de la iglesia y del alcalde de la ciudad, Cristóbal Toro.
El personero municipal pidió que la pugna entre pobladores y la curia sea superada en el menor tiempo posible para bien de la comunidad católica.
El cierre de la basílica de Montecristi provocó la suspensión de la instalación de sistemas de seguridad al interior de este centro religioso.