Con esto a cuestas, las etapas de reflexión están a la orden del día. Dichos pensamientos filosóficos no encuentran las respuestas mirando hacia el firmamento, sino que aparecen de manera alfabética en los iPods. Es ahí donde encontramos los mejores discos del año.
Aunque los pasados doce meses han ofrecido material en abundancia, el regreso de Metallica y su Death Magnetic hicieron retumbar los oídos de sus seguidores. Panic at the Disco cambió su rumbo, hacia paredes de sonido que nos remontan a los años sesenta con su disco Pretty Odd. El Rockferry de la galesa Duffy también se lleva aplausos este año, al igual que el disco Some People Have Real Problems, de Sia, una australiana que canaliza lo mejor de Fionna Apple y Tori Amos, agregando una voz que hipnotiza.
Por el ámbito latinoamericano, dos mexicanas sacaron a relucir su talento en distintos proyectos. Primero está Ximena Sariñana, esta actriz convertida en compositora que nos regala su exquisito disco titulado Mediocre. Por otro lado, Julieta Venegas recicla sus anteriores éxitos como un híbrido beatlesque que expulsa una íntima calidez en su MTV Unplugged.
Un disco que se destaca de entre los demás es, sin lugar a dudas, Viva la vida or Death and All His Friends. Entre demandas de plagio, impuestas por el virtuoso guitarrista Joe Satriani, millones de copias vendidas, y entradas en la futura calvicie de Chris Martin, Coldplay se agiganta en su propio vuelo y retuerce las bases religiosas con un álbum que descubre la vulnerabilidad del hombre y su lugar en la tierra de los vivos y de los muertos.
Desde la portada del disco, una pintura del artista Eugene Delacroix titulada La libertad guiando al pueblo (La Liberté guidant le peuple), se da a entender que Martin y compañía aparecen como los esperados revolucionarios del rock, dispuestos a cambiar el panorama musical actual, pero uno se da cuenta con cada línea de sonido que se encuentran en búsqueda de otra cosa.
Entre ángeles y demonios que circunvalan entre el cielo y la tierra, fantasmas y devoluciones karmáticas, nuestros héroes se divierten experimentando con sonidos de órgano que nos remontan a iglesias gregorianas y a misas en latín.
El álbum busca un entendimiento y una exploración de la fe como un todo, mientras expone a la muerte no como el final de una travesía, sino como una parada adicional de dicho recorrido.
Esto se ve reflejado en los viajes de los distintos protagonistas de esta obra, los cuales narran las costumbres nocturnas de los muertos en la canción Cementeries of London, cuestionan la mortalidad del hombre en 42 y pelean contra la pecadora tentación en Yes.
La pieza central del álbum es definitivamente Viva la vida, canción que ha sido Nº 1 en todos los listados del mundo, menos en el infierno. Una retrospectiva del hombre mientras su imperio se derrumba y su alma asciende a las puertas de San Pedro.
Al igual que el 2008, este disco termina donde empieza. Sin una ascensión transitoria hacia los cielos, el mejor disco del año es tan solo un viaje de donde uno sale más experimentado y un poco más consciente de la vida, y de la que nos aguarda después de la muerte. Si esto es lo que nos espera una vez que pasemos al otro mundo… quizá la muerte es en realidad solo el after party.
EL AGUACATE en Radio City: FM 89.3 Guayaquil y FM 99.7 la Península, de lunes a viernes, 18:00