Luego de terminar una cosecha se puede iniciar la siguiente siembra, el rastrojo sirve de abono orgánico.
Juan Carlos Donoso, de la zona de Valencia, provincia de Los Ríos, explica que inició el proceso de siembra directa en maíz y soya hace cinco años con Ecuaquímica, empresa pionera en el país y que ahora empieza a ver los resultados ahorrando en costos de producción hasta el 50%. Argumenta que el proceso es lento pero que empezó a notar la recuperación del suelo viendo un gran aumento en los niveles de nutrientes, lo que no le permitirá ni pensar en retomar el sistema tradicional.
Marco Tulio Andrade, que cultiva en la vía Quevedo-Santo Domingo, comenzó el proceso con 140 hectáreas de soya y ya vio la agilidad en el trabajo, ahorro en mano de obra y gasolina. El productor decidió dejar el sistema tradicional al ver que los suelos se estaban erosionando y sus rendimientos bajaban.
Andrade compró la maquinaria a un costo de $ 29.000, inversión que piensa recuperar en tres años.
Después de sembrar soya iniciará de inmediato con maíz, ya que el sistema lo permite. Recalcó que a pesar de tener 30 años en la agricultura, no creía hasta que vio los resultados en otros países.
Además decidió tecnificar todo el cultivo comprando cosechadora y picadora de forraje.
Esto le permitirá sacar más cosechas por año, invertir menos y tener más rendimientos y calidad, acota Andrade.