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Edición del DOMINGO 14 de Diciembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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¿Apatía incorrecta?
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¿Cree usted que el consumismo ha influido en la apatía ante la Navidad?

No para todos suenan campanas de alegría en esta fecha. Hay quienes rechazan la Navidad por creencias personales, recuerdos del pasado o porque el consumismo acabó con el espíritu de celebrar la Nochebuena.

No es que sea precisamente El Grinch que aborrece la Navidad y tenga ganas de quemar el árbol, sus adornos y los regalos en la cima de una montaña, pero para Katia diciembre no deja de ser un mes más en el calendario.

“No me entusiasma, es más, la fecha hasta me estresa, todo el mundo se vuelve loco comprando, arreglando la casa y la ciudad es un caos”, dice esta administradora de empresas de 26 años.

Este mes las cosas no han variado en su casa. No hay focos multicolores encendidos, pesebre, velas ni objetos alusivos a la Navidad, aunque confiesa que su nivel de gastos se eleva porque termina por comprar regalos para sus sobrinos y amigos.

Aunque para la mayoría de personas la Navidad constituye una fecha especial para compartir, renovar los lazos de amistad y el amor con la familia, para otras simplemente pasa inadvertida,  no tiene un significado especial o constituye un motivo de rebeldía.

Algunos, incluso, tratan de huir de la festividad con viajes o pretextos laborales. “Estuve tentada a comprar un pasaje a Nueva York y pasar la Navidad sola caminando por la calle, pero  no siempre se puede, luego la familia se resiente si me voy”, señala.

La apatía ante la Navidad, explica la psicóloga Gina Beltrán, ocurre por diversos factores que varían, según la formación o estado anímico de la persona.

Uno de ellos está asociado directamente a la familia y su idiosincrasia: hay quienes viven la Navidad como una fiesta y otras cuyos rituales son muy simples o no tienen mayor trascendencia. Así que por costumbre o tradición, la fecha no está revestida de un significado especial para ellos.

Otro de los motivos, indica el psicólogo Wilson Betancourt, guarda relación con las  creencias religiosas de cada persona. “Su religión a lo mejor no toma en cuenta el nacimiento de Jesús y no son cristianos y por eso la rechazan”.

Pero existen también motivos de tipo psicológicos, como acontecimientos traumáticos sucedidos en ese mes que terminan por asociar siempre el suceso con la fecha  festiva. Hay quienes sufrieron algún accidente, la pérdida de un ser querido o algo valioso para ellos, como su casa o  vehículo.

La clave en este caso está en la capacidad de la persona para enfrentar eventos traumáticos y seguir con su vida; es importante considerar que  la Navidad no influyó en lo sucedido.

En el caso de Katia, su apatía no tuvo que ver con  estos factores. Empezó más bien cuando por motivos laborales no podía ir a pasar Nochebuena con su familia, como estaba acostumbrada. Ellos residen en otra ciudad y ella debía trabajar el 25 de diciembre, por eso pasaba sola  o con amigos cercanos. Este año, en su nuevo trabajo, tendrá la posibilidad de ir a verlos, pero está decidiendo aún su viaje. “La fecha se me hizo tan simple  que ya estoy acostumbrada a pasar sin mucha compañía”, indica.

Las razones varían según la persona, pero en los últimos años se asocian con mayor frecuencia a factores sociológicos, como el consumismo desmedido y la falta de recursos económicos para satisfacer los patrones de la sociedad.

“La comercialización de la Navidad  va ganando terreno sobre el significado real.   Que el intercambio de regalos, que  el pavo, que el regalo para los niños. Se vuelve una cadena de consumo y viene una cadena de frustración porque los recursos no alcanzan y eso afecta el estado de ánimo. De ahí surge la apatía”, indica la doctora Beltrán.

El marketing ocupa las pantallas de televisión, las vallas publicitarias, los periódicos y las radios y su fin es uno solo: comprar.

“Las personas que son padres o madres de familia les obliga a comprar ropa, juguetes, a preparar la cena y todo esto genera gastos y viene un rechazo, no a la Navidad en su esencia sino a lo que se ha convertido ahora”, agrega Betancourt, quien apela a retomar las reuniones en familia, las novenas, los villancicos, que le daban un sentido profundo a esta fecha.

Las familias cambiaron, la migración y la vida actual resquebrajaron  la unión que existía antes, por eso  es importante rescatar los valores  y volver a la reflexión sobre el nacimiento de Jesús y su mensaje de amor, indica Beltrán.

Es una fecha llena de celebración, pero también puede generar ansiedad ante la inminente llegada del fin del año o la terminación de un ciclo.  Al final se hace un inventario de planes, de los que dejamos a medias, de los que cumplimos y en los cuales fracasamos y esa es otra causa de frustración y apatía en esta fecha.

Ambos especialistas coinciden en que el diálogo y el apoyo familiar son básicos para propiciar la unión y la felicidad en esta época. “El amor es el sentido de la Navidad; el perdón, el reencuentro entre los seres queridos”. Son fechas, indica Betancourt, que nos recuerdan la importancia de amar”.

El mismo Grinch, en la película norteamericana, lo entendió. Y aunque intentó robar todo lo alusivo a la Navidad no pudo acabar con lo más importante: el espíritu de la gente. (K.V.)

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