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Edición del DOMINGO 14 de Diciembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Óscar Orrantia Vernaza, tras los sueños benéficos
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Una nueva cuna para los guayaquileños

Texto: Katherine Villavicencio

La Junta de Beneficencia  es la organización no gubernamental de servicio público más grande del Ecuador. Funciona independiente del Gobierno y de la política. Las donaciones han sido la clave para el financiamiento de sus proyectos sociales que, aunque se dan en Guayaquil, llegan a los ecuatorianos.

Jesús Ortega lleva una relación de toda la vida con la Junta de Beneficencia de Guayaquil (JBG). Empezó desde que era un adolescente vendiendo lotería en la calle, en las esquinas del barrio y en las tiendas cercanas. Esto se convirtió en un ingreso para vivir y hoy, a sus 57 años, en el sustento para su esposa y sus cuatro hijos.

Con casi 40 años en su oficio, es uno de los 50 comerciantes que cada semana ofrecen el sueño de ser millonario a algún ciudadano que va hasta la Plaza de la Suerte, en el centro de la ciudad, y forma parte del equipo de 3.200 loteros con los que cuenta Lotería Nacional.

Están en cada rincón del Ecuador y con su trabajo ayudan a que más de 1’000.000 de personas sean atendidas en los hospitales de la Junta, a que 2.700 niños tengan acceso a la educación en los centros escolares que regenta y a que 600 ancianos reciban asistencia digna en los hospicios.

La Lotería Nacional fue creada por ley en agosto de 1894, con la idea de convertirse en la principal fuente de fondos de la Junta de Beneficencia, una entidad social fundada hace 120 años por un grupo de guayaquileños liderados por Francisco Campos Coello.

Ha cumplido su esencia. Actualmente, los diversos juegos de la Lotería representan el 30% de los ingresos de la JBG, el resto proviene de sus inversiones privadas (en especial inmobiliarias), de algunos impuestos (a las chequeras y cuentas corrientes, a las matrículas vehiculares, al capital de operación de empresas, a los espectáculos públicos), de donaciones (8%) y autogestión.

Mantenerse a través de los años y seguir creciendo en ayuda y recursos son otros de los desafíos diarios que enfrenta la entidad y que Óscar Orrantia Vernaza asumió hace tres años, cuando fue elegido director de la entidad. Ha sido reelegido dos veces y no descarta estar un periodo más.

Este ingeniero agrícola, graduado en Francia en el Institute Superieur O’Utremer (Istom), había estado dedicado a sus negocios privados (es presidente de Mabe, Durex Holding, Durexinvest, Durexporta, director de Holcim y apoderado de haciendas familiares) y al gremio empresarial cuando Roberto Gilbert Elizalde lo convenció de que se uniera a la labor de la entidad de beneficencia.

El servicio social no le era desconocido. Lo llevaba por herencia: su padre, Luis Orrantia; su abuelo, Luis Vernaza; y su bisabuelo, Ignacio Robles, habían sido parte del directorio de la JBG y trabajaron durante años para contribuir con su desarrollo. Pese a ello, dice, nunca pensó en integrarla.

“Antes de que salga de la Cámara de Industrias de Guayaquil (de la cual fue presidente), Roberto Gilbert Elizalde tuvo la bondad de sugerir mi nombre... Algunas veces  me habían propuesto, pero creí que no tenía el tiempo necesario para darle a esta entidad porque esto es un voluntariado”, manifiesta.

En 1996 se unió como inspector del hospital Roberto Gilbert, donde experimentó de cerca lo que significaba ser miembro de la Junta de Beneficencia. Él lo define como un compromiso de servicio a los demás y de salvar vidas, la vida de los que menos tienen. Y eso es lo que hace más reconfortante su trabajo.

“Me acuerdo una vez que una niña tenía tétano y necesitaba de un suero especial para su cura. Yo la iba a ver y me decía: ‘Señor, no me deje morir’. Y yo pensaba en uno de mis hijos, si estuviera en esa situación. Habíamos hecho lo posible por traer este suero, pero no había en EE.UU. ni en Colombia, hasta que lo conseguimos en Francia. Le salvamos la vida y fue una bendición verla salir caminando del hospital”.

Cuando fue elegido director, aceptó convencido de mantener a la institución en los más altos niveles de servicio a la comunidad. “Esa ha sido la tónica de todos los directores que ha habido a través de la historia y es un compromiso muy fuerte”.

Su propósito fue seguir modernizando los hospitales, que actualmente cuentan con sistemas internacionales de administración y equipamiento moderno para tratar a los pacientes. Y uno de los logros en ese sentido fue conseguir que las instituciones que regenta la Junta obtengan la norma ISO  9001:2000, una certificación internacional que garantiza la gestión de calidad a través de la satisfacción del cliente, en este caso de los pacientes.

La obra no ha parado, dice él. Sentado en la sala de sesiones de la Junta, en jeans y camiseta polo (para la foto en exteriores), se relaja para conversar, aunque empieza por aclarar que es la primera vez en tres años que acude vestido así a su despacho, a pesar de que es conocido por su carácter jovial.

“Muchos se sorprendieron al verme”, confiesa, más cuando tenía una reunión con el directorio.

Óscar Orrantia no necesita de ayudas memoria. Maneja las cifras con facilidad. Dice que aunque físicamente está seis horas en el despacho de la dirección, su cabeza está 24 horas en los proyectos pendientes y en las nuevas inversiones que han realizado.

Cuenta que este año en el hospital Luis Vernaza, que atiende más de 52.000 emergencias y más de 14.000 cirugías al año, se modernizó el área de cuidados intensivos y se ganó mayor eficiencia en las salas de emergencia y de hospitalización.

En la maternidad Enrique C. Sotomayor se mejoró el control de los neonatos y en el pediátrico Roberto Gilbert se inició un programa de cirugías cardiacas para niños de escasos recursos.

En sus centros educativos (Instituto José Domingo de Santistevan,  escuela Santa Luisa de Marillac y Taller de Manualidades Medalla Milagrosa, Hogar Calderón Ayluardo y en el internado Manuel Galecio) se incrementó a 3.000 el número de alumnos.

La Junta otorga becas completas en estos establecimientos, que incluyen alojamiento, alimentación, vestuario, educación primaria, secundaria y formación en valores.

Aunque en los dos últimos años han enfrentado déficits en su presupuesto, la inversión en obras sociales  alcanza los 100 millones de dólares, una cifra grande que se debe financiar cada año y que esperan poder solventar a corto plazo. El plan es que la Junta sea 100% autosustentable para dar servicio y solventar otras inversiones.

No es un sueño. Es una posibilidad viable, asegura él, pero se debe tener claro que hay que mejorar el aspecto solidario en los hospitales y hospicios: al que no tiene recursos  darle más servicio gratuito y al que tiene, que pague por ello.

“El espíritu solidario es la razón de existir de la Junta, desde que Francisco Campos Coello la fundó. Y es nuestro credo: ser una casa asistencial para los más necesitados. Él pronosticó que la Junta siempre tendrá futuro y le lloverán las donaciones. No le han llovido muchas, pero sí las hemos tenido y las vamos a volver a incentivar”.

Con ese plan de donaciones, Orrantia plantea ejecutar dos grandes proyectos antes de dejar la dirección: la construcción de una torre de diagnósticos y tratamiento para el hospital Luis Vernaza y la nueva maternidad, cuyos terrenos actuales podrían pasar a un colegio o centro comercial que ayude al mantenimiento de la JBG.

Hay un proyecto adicional: un hospital del día junto a la Terminal Terrestre, pero todavía no se termina de adquirir los terrenos. La idea allí es dar atención primaria y derivar los casos más graves a algunos de sus otros hospitales. Para ello se tiene pensado en un convenio con los estudiantes de medicina de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES).

Una despedida cercana
“Si pudiéramos llegar a completar estos proyectos en dos años, me iría satisfecho”, indica Orrantia. Al momento lo está. Dice que la Junta ha hecho realidad planes de innovación tecnológica y que sigue luchando por mantener su independencia como la organización no gubernamental de servicio público más grande del Ecuador.

“Ha habido altibajos, enfrentamientos políticos terribles, casualmente a mi abuelo le tocó con la Revolución Juliana defender a la Junta. En esta época todo el Ecuador fue centralizado, les quitaron poderes a las provincias en 1925 y la Junta fue una de las pocas que no lograron centralizarla".

A él, en cambio, le ha tocado defender la labor de la institución ante los cuestionamientos de la Asamblea Constituyente, que la acusó de tener un monopolio con la Lotería y de que su obra se concentra en una sola región. Orrantia asegura que la Lotería se vende en todo el país y que aunque los centros de salud de la Junta están solo en Guayaquil, el 50% de los casos de la provincia se atienden en estos hospitales. Además, sus pacientes provienen de diferentes latitudes del Ecuador.

“Pienso que a la Junta la respetan porque el servicio es transparente y totalmente descentralizado”, señala Orrantia.

Jesús Ortega lo sabe. Él es oriundo de Cuenca y asegura que la labor de la Junta permite atender a personas de todos los rincones. Por eso vende orgulloso sus guachitos y expande la venta de los diferentes productos de la Lotería. Ya no los comercializa en las calles, como cuando tenía 18 años. Ahora es un conocido distribuidor mayorista que consolida la cadena de distribución con loteros y familias enteras. “Nosotros somos los pilares de la venta”.

Y más que eso. No solo da suerte a algún próximo millonario, sino que hace posible que los sueños de tener salud y educación se hagan realidad para los que más necesitan.

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