Domingo 07 diciembre The New York Times

Ética de combate para los robots guerreros

En la intensidad de la batalla, incluso los soldados mejor entrenados pueden actuar en formas que violan las Convenciones de Ginebra, o las reglas de combate en el campo de batalla. Ahora, algunos investigadores sugieren que los robots podrían hacerlo mejor.

“Mi hipótesis de investigación es que los robots inteligentes pueden comportarse con más ética en el campo de batalla que los humanos actualmente”, dijo Ronald C. Arkin, científico computacional en el Instituto Tecnológico de Georgia, que diseña software para robots de combate bajo un contrato con el Ejército de Estados Unidos.

Él y otros afirman que la tecnología para fabricar robots letales autónomos es barata y popular, y que sólo es cuestión de tiempo antes de que sean desplegados en el campo de batalla. Eso significa que es hora de que la gente comience a debatir si esta tecnología es algo que quiere usar.

Noel Sharkey, científico computacional en la Universidad de Sheffield, en Gran Bretaña, escribió el año pasado en Innovative Technology for Computer Professionals que “esto no es ciencia ficción al estilo Terminator, sino la sombría realidad”. Indicó que Corea del Sur e Israel ya desplegaban guardias fronterizos robóticos armados.

Randy Zachery, al frente de la Dirección de Informática de la Oficina de Investigación del Ejército de Estados Unidos, que financia el trabajo de Arkin, señaló que el Ejército confiaba en que esta “ciencia básica” mostrará cómo podrían los soldados humanos usar e interactuar con sistemas autónomos, y cómo desarrollar software que “permita que sistemas autónomos operen dentro de los confines impuestos por el combatiente bélico”.

En un reporte para el Ejército, el año pasado, Arkin describió algunos de los beneficios potenciales de los robots autónomos de combate. Para empezar, pueden ser diseñados sin instinto de supervivencia y, como resultado, sin tendencia a atacar por miedo. Pueden ser construidos sin enojo o imprudencia, escribió Arkin, y se puede hacer que sean invulnerables a lo que él llamó “el problema psicológico del ‘cumplimiento del escenario”, que hace que la gente absorba información más fácilmente si ésta coincide con sus ideas preexistentes.

Arkin dijo que podía imaginar varias formas en las que se podrían usar: en operaciones contra francotiradores, para desalojar terroristas de edificios y otras misiones peligrosas.Pero necesitarían estar programados con instrucciones que indiquen a quién dispararle, cuándo y cómo distinguir, al atacar, a tropas enemigas de entre civiles, a heridos o a alguien que intenta rendirse.

Las simulaciones de Arkin de un campo de batalla se despliegan en pantallas de computadora. Los pilotos robóticos tienen información que podría tener un humano, como mapas que muestran la ubicación de templos, edificios, escuelas y otros centros de la vida civil. Reciben instrucciones sobre la ubicación de tropas, provisiones y objetivos de alta prioridad enemigos. Y se les proporcionan reglas de combate.

En una simulación, un piloto robótico vuela por encima de un cementerio. Divisa un tanque, un blanco potencial. Pero un grupo de civiles también se ha reunido en el cementerio. Así que el piloto decide continuar con su vuelo y pronto ubica otro tanque, que está solo en un campo. El piloto dispara; el blanco es destruido.

Arkin, un cristiano que agradeció la ayuda de Dios en el prólogo de su libro Behavior-Based Robotics, razona que debido a que normas como las Convenciones de Ginebra se basan en principios humanos, integrarlas a la arquitectura mental de una máquina la dotaría de cierta empatía. Añadió, sin embargo, que sería difícil diseñar “algoritmos de percepción” que pudieran reconocer, por ejemplo, cuando hubiera personas heridas o sosteniendo una bandera blanca.

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