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Edición del DOMINGO 7 de Diciembre del 2008 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El Cuarto Ojo
Los chicos de ahora
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Ricardo Cevallos Estarellas | ricardo@elcuartoojo.com

En muchos países la edad mínima para trabajar y tributar es 16 años, y es evidente que los jóvenes de hoy en día son mucho más precoces que los de antes.

Pero detrás de esto hay una profunda transformación que la humanidad está viviendo y que se vuele notoria entre los más jóvenes.

Un cambio generacional
Los niños y jóvenes de hoy son más avanzados que nunca. Los padres de las más nuevas generaciones no dejan de sorprenderse una y otra vez de ver en sus hijos tantos síntomas de precocidad mental. Los jóvenes de hoy son por lo general mucho más rápidos, capaces de razonar lógicamente y más sensibles que los jóvenes de décadas pasadas.

El mundo está cambiando rápidamente y la era de la información ha abierto tantas opciones a los jóvenes que para sus padres muchas veces se ha vuelto difícil comprenderlos. No descartemos que una de las causas para tanta desorientación juvenil hoy en día sea una brecha generacional muy grande. Al no entenderlos es difícil educarlos.

Definitivamente, el “no te puedo tomar en serio porque yo a tu edad no tenía idea de nada” hoy no funciona, pues muchos padres, en efecto, a la edad de sus hijos no tenían idea de nada, pero les cuesta admitir que el mundo está cambiando. Hay adultos que perciben esta realidad y caen en una suerte de competencia para demostrar que ellos, por ser adultos, tienen que tener la razón, en lugar de fluir con los cambios planetarios.

Algunos atribuyen este cambio generacional a la evolución natural del ser humano; otros, a un cambio en la vibración del planeta y lo relacionan con la proliferación de niños índigo, y otros simplemente al cada vez mayor bombardeo de información que obliga a los chicos a pensar desde más pequeños.

Virtudes de la niñez
Rudolf Steiner dijo que la mejor educación es la que hace que el ser humano siga siendo niño toda su vida. Osho dijo que los verdaderos maestros son los niños, y Jesús bienaventuró a los inocentes de espíritu.

Es hermoso ver a los niños cuando descubren la justicia. La abrazan como si la hubieran inventado ellos mismos y cuando la extienden hasta su adolescencia se convierten en los jóvenes rebeldes e idealistas que el mundo necesita para ser mejor. Un amigo una vez me dijo que solo los niños, las mujeres y los ingenuos pedían las cosas porque “son justas”, pues eso equivale a apelar a la compasión de la otra persona.

Yo discrepo totalmente. Posiblemente con la excepción de un reducido número de gente que en toda sociedad adopta el rol de cínicos, la mayoría de las personas tiene una natural preferencia por la justicia. Es impresionante ver que hasta las personas insensibles tratan de justificarse y de ver el lado justo a su modo de actuar. Parte de la mayor sensibilización de los jóvenes de hoy se refleja en un renacer del amor por la justicia.

Y respecto de las mujeres, es un hecho que ellas tienen más facilidad para ser empáticas con el dolor ajeno. Pero esta no es necesariamente una diferencia natural.

Los valores sociales han tenido un rol muy importante en marcar esta diferencia, pues hasta hace muy poco el hombre inocente y confiado era visto como débil. Pero hoy la historia, ayudada por el colapso financiero de los países del norte y la destrucción medioambiental, nos está queriendo decir algo.

Estamos dejando atrás un ideal de progreso depredador que pensaba que la material era la única riqueza posible. El siglo XXI es la era de la sensibilidad. Ya el siglo XX fue más sensible que el XIX, y el XIX mucho más sensible que el XVIII. Prácticas hoy consideradas aberrantes, como la quema de brujas, eran comunes hace poco más de dos siglos.

Es en los últimos cien años que la mujer ha venido a incorporarse a la vida pública y a ser tomada en cuenta de igual a igual. Los adolescentes están en ese proceso, lo cual puede ser un signo positivo, pues aunque ellos sean muchas veces más ilusos, por eso mismo son más reacios a pactar con  las injusticias de la sociedad.


Más información en www.elcuartoojo.com


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