No hay nada más injusto que viejos estereotipos, ideas globales e imágenes sesgadas de una realidad. Cuando el viajero “viva” esta ciudad se asombrará, entre otras cosas, por la animación y el buen ambiente que se respira en ella; una capital no excesivamente grande y “manejable”, al día de hoy, para el turista y sus habitantes.
Lo bonito de un viaje es que nunca coincide lo que inicialmente pensamos sobre lo que vamos a ver y lo que realmente encontramos.
Es por ello que las novedades, lo inesperado e imprevisto, a veces, marcan gratamente la memoria de nuestro desplazamiento.
En esta ocasión, de Zúrich me impactaron dos cosas. Por un lado, la inigualable calidad de vida que tienen sus habitantes y, por otro, la asombrosa labor de recuperación de un antiguo barrio de fábricas para convertirlo en un moderno y cosmopolita distrito de restaurantes, hoteles y departamentos de todo tipo. Sobre su inigualable nivel de vida, basta decir que lleva siete años consecutivos, y se dice pronto, siendo considerada la ciudad donde mejor se vive. Es que el estudio y comparación de una serie de referencias (acceso a vivienda, renta per cápita, ayudas sociales, limpieza, transporte público, ambiente cultural, estabilidad económica y política, acceso a servicios médicos) la posicionan en el más alto puesto en este particular podio.
No pretendo relatar, emulando las guías de viaje, lo que nos vamos a encontrar. Es incuestionable que sería injusto pasar por alto la famosa Bahnhofstrasse y calles adyacentes, la Catedral, su lago (de cristalinas aguas, y no es una frase hecha), la estación central de tren, el Ayuntamiento o el río Limmat, pero también es innegable que la vida, el ambiente y la manera de ser de esta urbe sobrepasan arcaicas ideas sobre una ciudad de ejecutivos, empresas de seguros y bancos.
Zúrich es, desde luego, mucho más. Es su impresionante historia, es su prestigiosa universidad y su vida universitaria, es la gran cantidad de restaurantes, es su vida joven y es la naturaleza que nos abriga. No olvidemos nunca, asimismo, que estamos en Suiza, donde montañas, nieve, lagos, prados y tupidos bosques forman la más conocida postal de este rico país centroeuropeo.
Otro de mis inesperados descubrimientos fue poder comer entre paredes de viejas fábricas. Efectivamente, la antigua zona industrial, eje importante en el crecimiento de la ciudad, ha sido objeto de una colosal labor de remodelación al convertirla en un nuevo espacio urbanístico. En algunos casos, se han levantado edificios y, en otros, han mantenido el exterior de fábricas e industrias, transformando por completo su interior en salas de exposiciones, restaurantes y teatros.
Resulta particularmente curioso estar cenando en cuidados restaurantes donde nos iluminan preciosas lámparas de araña mientras observamos atónitos, al alzar nuestra mirada, cómo aún están presentes las grúas de la vieja fábrica o algunas máquinas que tuvieron su uso muchos años atrás. Una acertada idea que permite mirar al futuro sin olvidar parte de su no muy lejano pasado.
Lenin
La biografía de Vladimir Ilich Ulianov, conocido mundialmente como Lenin, está muy relacionada con Suiza y esta localidad. Aunque residió inicialmente en Berna, se trasladó a Zúrich con su mujer en 1916, donde permaneció hasta 1917, cuando partió para Rusia. En el número 14 de la Spiegelgasse hay una placa que recuerda el tiempo que vivió en esa casa.
Sabemos que es la capital más dinámica de Suiza, que es un gran centro económico-financiero de Europa y mundial, que se encuentra perfectamente situada y que tiene un gran aeropuerto, pero todo este conocimiento es solo la faceta mercantil y comercial. Hay que atreverse a viajar a esta hospitalaria ciudad, depositaria de multitud de facetas y aristas turísticas inimaginables, para descubrir in situ otras realidades de las que es poseedora. Será, con seguridad, un inesperado, insospechado y agradable encuentro.
¿Qué más se le puede pedir a un destino tan apasionante? Si alguna vez ha pensado en conocer Suiza, descubrirá que además de los Alpes, los lagos y sus coquetos pueblos hay ciudades de ensueño como Zúrich.