Dios quiera que esta columna sea leída por todas aquellas tías, cuñadas, madrinas, jefas, subalternas o novios pocos creativos que suelen salir del compromiso con uno de estos productos altamente repudiados.
En esta ocasión inicio por el regalo que más votos en contra tuvo, no voy a crear expectativas haciendo countdown. Voy directo al grano porque en diciembre nadie tiene tiempo para leer tanto:
Agenda (de largo la ganadora), ¿quién quiere que alguien no familiarizado con su vida cotidiana disponga de la herramienta básica de nuestra organización?, ¿en qué cabeza entra pensar que uno anhela una agenda elegida por alguien más? No importa si es de cuero, vinil, látex, peluda, print de cebra o de South Park. La agenda, damas y caballeros, es algo estrictamente personal.
Jarro de Papá Noel o algún otro motivo navideño con chocolatitos adentro. Seamos sinceros, uno usa el jarro tres días al año, ¿y después? Es horrible cuando uno está de visita en una casa en el mes de agosto y al pedir café de la manera más informal a uno le dan el jarro con la rosca navideña a full rojo y verde. Esos jarritos siempre terminan de regalo de reciclaje para el próximo año.
El tierno peluche. A la edad de los 20, 30 o 40, el peluche pasa de ser algo tierno a un atrapa polvo. Causa alergia, estorba en la cama, quita espacio a los buenos libros o las pelis de cabecera. El peluche es para niñas, no para mujeres.
El estuche “práctico”, que es tan pero tan práctico que prácticamente no sirve para nada. Aunque suene a trabalenguas, a todas nos ha tocado recibir esa semicarterita transparente que tiene un brillito adentro, cepillito, espejito y frasquito, ¡no sirve para nada! Ni para reciclaje, porque son tan feos, poca clase, quita espacio, que no se los usa. Para viajar, las mujeres usamos algo más que un estuchito para nuestras cosas personales, más las que nos mimamos con productos buenos.
Y ojo con esto, por favor: las solteras que no viven en su propio departamento no quieren adornos de casa, ni cosas de cocina. ¿Adónde las ponen? No las pueden guardar como oso en invierno hasta el día en que se independicen. Repito, es pura perspectiva.
Perfume x de mujer que compraron por ahí a una vendedora visitadora de oficina y está en descuento. Las mujeres queremos perfumes buenos, que nos sientan bien, que nos hacen sentir especiales, no queremos la versión femenina del Aqua Velva.
En conclusión, lo bonito del regalo es darte cuenta que pensaron en ti como ser único e irreemplazable. Si no hay mucho presupuesto no importa, un Toblerone basta. A las mujeres nos gusta que nos consientan, no que salgan del apuro con nosotros. Y ahora sí, ¡a comprar se ha dicho!