Edición del VIERNES 5 de Diciembre del 2008
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Coserse la boca
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Claudia Serrano
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Claudia Serrano desde Buenos Aires | claudiaserrano@fibertel.com.ar

No me quedó otra que coserme la boca con “ocho candados” hace dos semanas, pues cuando necesitas acostarte en la cama para que tu jean favorito te cierre, y prefieres ponerte el pantalón más campana que tienes (aprovechando ahora que se viene a full la pata anchísima), ¡estás frita!

No me quedó otra que coserme la boca con “ocho candados” hace dos semanas, pues cuando necesitas acostarte en la cama para que tu jean favorito te cierre, y prefieres ponerte el pantalón más campana que tienes (aprovechando ahora que se viene a full la pata anchísima), ¡estás frita! Como si fuera poco, tengo una pancita que nunca en mi vida había tenido y me quiero morir. No queda otra que combatir esos malditos kilos  cerrando la boca.

Empecé la dieta anual y mi malhumor vino con ella. Los primeros días siempre son los más difíciles, y mejor que nadie se me acerque, porque muerdo. Es que una cosa era hacer dieta a los 22 y otra muy, pero muy diferente es hacerla después de los 30. Antes, con comer por dos días más yogur y manzanas, bajabas; ahora cuesta el triple perder esos indeseables tres kilos de más.

Me he transformado en un perfecto soldado raso, cuando se trata de desayunar, almorzar o tomar el té puntualmente. Es que con esto de comer cada tres horas y media, para que el metabolismo esté siempre funcionando y por ende queme calorías constantemente, es mi única obsesión. ¿Glenn Close en Atracción fatal? ¡Un desmadre!

Si hay algo que nos une a las mujeres, un punto en común, además de la importancia del amor, los hijos, la celulitis  (y algunas  cosas más), es hacer dieta. ¡Ah! felices las que vivían cual rellenas sirenas en la época de Botticelli, o durante los primeros pasos del año 1900, cuando las féminas usaban poltronas (de manera que no importaba el tamaño de tu poto), el corsé era una moda, y las faldas largas, una obligación moral. Tiempos de carnes voluptuosas, mucho sedentarismo y de rollos sin culpas. ¡Qué maravilla! ¿Por qué no nací a principios de siglo?

Amo comer. Disfruto comer. Cada vez me gusta más la cocina, algo que ha cambiado con los años. En mis veinte y pico, con comer sano y simple me bastaba, y fui vegetariana durante varios años. Cuando llegaba a casa a la noche, me daba igual cocinarme lentejas con ensalada de tomate, como una milanesa de soya (¡ultrapopulares aún entre mis amigas solteras, por el minuto y medio de cocción en el microondas!) con puré de calabaza. Eran las recetas que te salvaban.

Desde que estoy con mi enamorado, que come como una manada de toros, mi rutina alimenticia ha colapsado. A él le encanta la cocina, y tiene además una mano de chef escandinavo para inventar platos deliciosos y claro, también calóricos.

Mientras duró el invierno iba divinamente. Nada mejor que el plan de comer rico, con postre y copa de vino incluidos, viendo alguna peli en la cama. Ahora que llega el veranito y las ropas son ligeras y cortas, hay que salir de la hibernación y disminuir calorías.

Todo sea para que una se sienta bien frente al espejo.


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