Perdono, y por lo tanto, soy libre.
Perdonar
Si olvido momentáneamente la importancia de vivir gozosamente en el ahora, puedo sentirme abrumado por el comportamiento de otra persona o aún el mío propio. Al darme cuenta de que no disfruto de paz, ni satisfacción ni discernimiento, acudo al silencio de mi ser interior y renuevo mi perspectiva.
Al centrar mis pensamientos en la oración, me veo y veo a otros en la luz de la verdad sobre nosotros. Somos creaciones de Dios, bendecidos con amor, fortaleza y seguridad. Hay un manantial de bien en nuestras vidas. Doy gracias por todos nosotros y por las lecciones que hemos aprendido.
En la oración, entrego toda persona y situación a Dios. Ese es un acto de perdón por medio del cual disfruto de tranquilidad y libertad inmensurables.
–Salmo 97:11
“Luz está sembrada para el justo y alegría para los rectos de corazón”.