jueves 04 de diciembre del 2008 Columnistas

Corte espuria

Espurio es aquello “que degenera de su origen o naturaleza”. Por desgracia, la administración de justicia del Ecuador que, como bien dijo el presidente Correa, efectivamente, ha causado más daño que los congresos de la partidocracia y de Montecristi, ha caído hoy en su más profundo hoyo. Ni siquiera la Pichicorte fue tan espuria como la que ahora va a conformarse, aupada por una Corte Constitucional también espuria.

¿Qué artículo de la Constitución de Montecristi contempla que el doctor Vicente Troya tiene facultades para liderar el proceso de integración de la Corte de Justicia? ¿Qué artículo señala que la Corte se integrará con los ministros que no fueron sorteados? ¿Qué artículo dispone que los ex conjueces reemplazan a los ministros que renuncian o se separan del cargo o que no aceptan la designación? ¿Qué artículo dispone que los ministros de cortes superiores pueden entrar por la ventana e integrar el máximo tribunal de justicia del país? Ninguno.

La autoproclamada Corte Constitucional, abanderada de la violación a la Constitución, acaba de dar la estocada final a la moribunda institucionalidad ecuatoriana al encargar a un solo hombre consumar el máximo irrespeto constitucional del “cambio de época” que, con actitudes como esta, no es más que el mismo teatro con el cambio de actores.

¿Qué diferencia a PAIS de la vieja Partidocracia? Únicamente los apellidos de quienes hoy juegan con la Constitución, la degeneran y la desprestigian. Tanto que incluso el fiscal general, Dr. Washington Pesántez, con quien discrepo profundamente, pero a quien respeto en lo personal y profesional, ha llegado a sostener con valentía que en el Ecuador no existen soluciones “químicamente puras”, reconociendo que la salida encontrada es política y no jurídica, con lo cual la Constitución ha sido nuevamente devaluada de forma temprana.

Hace no mucho tiempo, en el Ecuador se podían anticipar los fallos del Tribunal Constitucional, en razón de la procedencia partidista de sus integrantes. Hoy ocurre lo mismo. El fallo dictado fue anticipado. Miembros del ‘Congresillo’ ya habían señalado hace pocos días que la solución podía ser precisamente la que finalmente se adoptó. Es obvio que la Corte Constitucional obedece las instrucciones directas que recibe. ¡Qué vergüenza! Y piensan que de ese modo ayudan a consolidar el cambio que el Ecuador requiere.

Tiene razón el Presidente cuando critica a la justicia, pero su omisión y silencio ante las barbaridades que se dictan, tanto en el ‘Congresillo’ como ahora en la Corte Constitucional, no hacen sino confirmar que en el Ecuador poco o nada cambió.

Por mi ejercicio profesional conozco decenas de casos que demuestran la profunda corrupción e inoperancia judicial que padece el Ecuador. Es fácil encontrar algunos jueces, ministros de tribunales y conjueces carentes de vergüenza y de pudor, corruptos, que se mantienen en sus cargos gracias a “cadenas de favores”, cuyos protectores en algunos casos se encuentran en los órganos de control del sistema. El sistema está corrompido y por ello y sin perjuicio de que en algún momento tendrán que responder, el hueco se hace cada vez más profundo sin que a nadie le interese cambiarlo.

¿Cuál es la propuesta profunda de cambio que plantea la revolución? Ninguna. El poder sobre las cortes es demasiado grande para dejarlo y sabido es por todos que algunas de las mafias que antes las manejaron hoy siguen enquistadas en el poder.

Si no cambia la justicia, no hay ningún futuro para el Ecuador. ¿Qué va a hacer al respecto, señor Presidente?

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