miércoles 03 de diciembre del 2008 Columnistas

Fútbol con alegría

Nací en un país donde el Maracanazo es parte de la historia nacional y el nombre de los futbolistas que hicieron los goles en 1950, junto con el capitán y el arquero, son considerados ídolos nacionales. Garra de charrúa es un eslogan que los uruguayos creemos a pie juntillas, aunque las últimas eliminatorias de campeonatos mundiales no hayan hecho honor a tal convencimiento.

Reconozco que no disfruto ver los partidos de fútbol, me ponen tensa, sobre todo si escucho a los comentaristas, a quienes parece que se les va la vida con cada ataque exitoso o frustrado. Las trasmisiones donde los pareceres personales no muy documentados son comidilla de los hinchas y nos acompañan en buses y taxis, sinceramente me agotan. Por eso no había mucho que me predispusiera a probar los juegos de fútbol como elementos aglutinadores de convivencia social. Más con las barras bravas, y los escándalos que se producen en los estadios. El entusiasmo del profesor Denis Dau en convencerme de lo contrario no tenía mucho eco.

Cuando los jóvenes de agrupaciones juveniles, los pandis, propusieron un campeonato entre varios grupos, algunos enfrentados en las calles, lo encontré complicado…. Les costó convencerme. Reconozco que hasta el final estaba en ascuas. Sin embargo ese primer campeonato fue extraordinario, abrió las puertas para iniciativas posteriores. Luego vino un segundo evento con cerca de 1.000 participantes donde ensayamos el juego sin árbitros, y con facilitadores. Fue ardua la preparación para llegar a compromisos previos a los encuentros y ponernos de acuerdo en cómo se iban a marcar los puntos. Llegada a la hora, distribución de juego, mejor jugada, barras creativas, además de los goles, tenían puntos. Pero juego brusco, insultos, golpes y barras violentas perdían puntos. Al final del partido se contaban los puntos y los capitanes firmaban los resultados. No siempre ganaba el que hacia más goles, sino el que hacia juego más limpio y bonito. Podían también sumar puntos si hacían en equipo tareas comunitarias. La exigencia de tolerancia, de inclusión y de comprensión, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, sin distinción entre contrincantes y compañeros de equipo era vital. Los jóvenes aprendieron a ganar y a perder, a asumir responsabilidades en equipo y a participar activamente en la constitución de una comunidad.

Ahora diez chicos, siete de Ser Paz que pertenecen a tres organizaciones juveniles  diferentes y tres de la organización A ganar, de Quito, se encuentran en Chile para participar en el campeonato de fútbol por la alegría y observar la Copa Mundial femenina Sub 20 de la FIFA. Habrá talleres y encuentros. Fueron con el uniforme de Ecuador y viajaron cinco días por tierra hasta llegar a Santiago y deslumbrarse por el ambiente y las jugadoras… Tienen entre 15 y 21 años. En el encuentro participan delegaciones de Chile, Uruguay, Brasil, Argentina, Perú, Ecuador, Paraguay, Bolivia, Colombia, y delegaciones especiales de Costa Rica y varias de Sudáfrica.

El padre José Antonio Maeso los acompañó todo el recorrido y durante el viaje el equipo se fue haciendo cómplice en todo lo que viven. Les dijimos que una de las reglas que tenían que poner (se las determina antes de comenzar el partido) es que en caso de ir perdiendo por cinco goles se dé por terminado el partido. Les toca jugar con Argentina, Brasil y Perú…

Esperamos que esta experiencia, que transcurre estos días, les permitirá crecer como personas y hacer del fútbol un espacio de entendimiento, respeto, alegría y convivencia.
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