Pido el concurso de Perogrullo, personaje casi ignorado por este columnista; no hacerlo, cuando se lo requiere, es fatuidad, estulticia o sobredimensionamiento del rol personal asumido como manera de vivir o sobrevivir. Qué mejor oportunidad para hacer ciertos cambios que aquella que se encuentra anidada dentro de una época de cambios: esto es una perogrullada, amigas y amigos. Si tanto se habla de cambios, desde antes del cambio de milenio, entonces bienvenida la idea de proponer algunos cambios personales e institucionales necesarios en este último mes de un accidentado 2008 y en vísperas de otro no menos intranquilo y preocupante.
-Lo que hoy se denomina como evaluación, análisis de resultados o mediciones de variada índole, en un pasado no muy remoto se llamaba “examen diario de conciencia” y se sugería hacerlo al morir la tarde o entrar la noche; examen pausado, sincero, honesto y valiente que conducía a la corrección de los errores detectados y al reforzamiento de las bondades encontradas, pues para esto se crearon los exámenes de conciencia: eran una etapa diaria en la vida de cada persona para analizar sus actos, para saber si caminaba o no hacia el objetivo establecido en el plan de vida. Este examen era igualmente plausible y válido para el andinista que se empeñaba en conquistar nuevas cumbres, para el zapatero que debía cumplir con varios compromisos establecidos, para el maestro en la entrega diaria de su saber y experiencias a sus pupilos como para el magistrado o mandatario en el cumplimiento de sus misiones específicas. Cuando nos hicimos modernos y abandonamos la práctica del examen diario de conciencia porque sabía a exigencias religiosas en pos de la adquisición de virtudes y la corrección de defectos, casi por exigencia natural, encontramos artificios para sustituir esa necesidad intrínseca de autocensura, autoanálisis, introspección periódica. Aquí es donde aparecen las evaluaciones, la rendición de cuentas, los análisis de resultados, etcétera.
-Presento un par de ejemplos. La Constitución de Montecristi no es un proyecto, es una realidad. Sus exigencias están impresas. No puedo interpretarla a mi manera ni aceptar solamente lo que me agrada de ella. La Constitución no sirve para cobrar venganzas ni imponer caudillismos. Es un libro que prescribe una forma de vida en sociedad para satisfacer necesidades personales e institucionales básicas y para cumplir con exigencias en pro del buen vivir. Vale un examen de conciencia de gobernantes y gobernados para ver si la nueva Carta Magna es letra muerta o empieza a crecer en la conciencia de todos los ecuatorianos.
-El presidente Correa aplaude la fiscalización, pide que “fiscalicen lo que les dé la regalada gana” porque él conduce un gobierno de manos limpias. Bien por él y por su limpieza, mas es necesario proceder con mayor limpieza aún: que la Comisión de Fiscalización esté representada por todas las fuerzas políticas, que no tenga mayoría gobiernista, que se ciña a un reglamento exigente y que entonces sí fiscalice, que no sea juez y parte. “La mujer del César no solo debe ser honrada sino también aparentar serlo”.
(Continuará…).