Miércoles 03 de diciembre del 2008 El Gran Guayaquil

El Técnico Simón Bolívar, parcelado

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A partir de las 13:00, los alumnos de un centro artesanal convergen con los del colegio Simón Bolívar.

Aulas, la piscina, una cancha de fútbol y parte del terreno  están cedidos a entes particulares.

Era el pabellón más apartado del colegio, con escaso mantenimiento, lleno de maleza y que se inundaba durante el invierno. Por eso los alumnos del hoy Instituto Técnico Simón Bolívar le decían Las Malvinas.

Tuvo ese denominativo desde la época en que Héctor González era estudiante, en la década del setenta. Ahora, a sus 52 años, él regresó otra vez a aquel pabellón, pero para obtener el título de Ingeniero en Mecánica Industrial. Así también, otros 300 bachilleres técnicos.

Allí funciona hace dos años una extensión de la Universidad  Estatal de Milagro (Unemi) bajo un convenio que nació ante la “necesidad de garantizar una educación superior” a los estudiantes del establecimiento, dice Sergio Figueroa, subcoordinador de la Unemi.

Esto, porque los bachilleres estudiando dos años más pueden obtener el título de tecnólogo, pero de ahí muchos encontraban dificultades para seguir la carrera en la universidad, justifica Figueroa.

De ahí surgió el acuerdo entre el instituto y la Unemi, en el cual esta última, que trabaja en horario nocturno, abona $ 60 por alumno matriculado.

El mismo pabellón, de más de diez aulas, es ocupado en las tardes por estudiantes del Centro de Formación Artesanal Libertador Simón Bolívar, bajo un contrato de arriendo, dice la directora Genoveva Betancourt.

Estos alumnos utilizan camisetas color gris y  jeans,  desde las 13:00 se cruzan con los otros del instituto que visten camisa blanca y pantalón verde.

Desde el 2005, el Técnico Simón Bolívar ha suscrito convenios que hoy permiten a organismos particulares, además, utilizar la piscina, una cancha de fútbol y parte de sus 87 mil metros cuadrados de terreno.

Aquello ha generado protestas estudiantiles en contra del rector Miguel Bayas Zurita, quien ahora está suspendido de su cargo por la Subdirección de Educación.

La piscina es administrada por el Club Mayorga, que la utiliza para impartir cursos de natación, pero “sin afectar la jornada estudiantil”, según una cláusula del contrato.

La cancha fue cedida a la fundación Niños y Jóvenes con Futuro para una escuela de fútbol, mientras que un área de 1.800 metros cuadrados fue arrendada por cinco años a Importadora Tomebamba, lo que actualmente le genera al colegio técnico un ingreso mensual de casi cinco mil dólares.

Ocasionalmente, en otros espacios del colegio técnico se desarrollan ferias libres, festivales artísticos y, hasta hace unos meses, consultorías de shamanes.

Cuestionamientos
La rectora encargada, Concepción Maridueña, anunció que revisará estos convenios en una intención “de organizar y corregir los errores” dentro del instituto. En un recorrido, la funcionaria criticó el descuido de la infraestructura.

“Cerraron (los ventanales de) estas  aulas porque iban a poner aires acondicionados, pero no hay nada hasta ahora, mientras, los alumnos se sofocan”, dijo.

El rector Bayas se referirá a este tema en cuanto se le restituya a su cargo, señaló ayer.
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