Martes 02 de diciembre del 2008 Cultura

Un intento de teatro

Jóvenes aficionados retoman género en la calle

El Malecón y varios rincones de la av. Nueve de Octubre son tomados como escenario por los improvisados actores.  
 
Cajas de chicle se agitan constantemente en manos de vendedores de   caramelos y cigarrillos que merodean por el malecón Simón Bolívar, un sábado a las 20:00. Cerca de Las Peñas, se observan una bolsa tejida, un pañuelo y dos vestidos de fiesta en el suelo. Son el preámbulo de un show cómico que está por iniciarse.

Luis Calderón y Richard Lino, de entre 16 y 17 años, intentan afinar sus argumentos en una serie de dramatizados, que representan sin estructura ni libreto. No son parte de un grupo de artistas, tampoco vienen de una escuela de actuación. Los tres años que llevan de improvisados actores les ha dado suficiente confianza para hablar en público y en la calle frente a decenas de extraños.

A las 20:40 aún no hay espectadores. Luis Calderón se abalanza sobre varias personas y las convoca: “Que venga la linda parejita para que grabe la telenovela Marimar y que la niña interprete a pulgoso (perro)”, dice a una pareja que transita por el lugar.

“¡Allá viene el grupo Maná!...la manada de vagos”, sostiene el joven señalando a un grupo de cuatro muchachos que caminan por el malecón.

Sin quedarse atrás su compañero Richard Lino se arrodilla sobre el suelo: “¡Oh espíritu de San Vicente, que venga más gente!”.

Lino y Calderón admiten que utilizan los chistes de doble sentido y en ocasiones con palabras ofensivas, “pero a la gente le gusta y se divierte”.

Saben que no tienen técnica, ninguno tiene noción de teatro que es el género que buscan practicar, pero están felices de seguir su afición por la actuación. “Dejamos de ser carameleros para ser mejores en algo”, indica Calderón, quien dice admirar a los artistas de la televisión que tuvieron sus inicios en el teatro de la calle. 

A las 21:00 el fuerte tono de voz de ambos jóvenes había logrado reunir a un círculo de más de treinta personas. Y empiezan a actuar.

Calderón y Lino se visten de mujer y desarrollan el espectáculo, que se basa principalmente en la imitación del estereotipo clásico del homosexual y en la burla de la apariencia de algunos de los espectadores.

Dejando de lado la técnica del chiste fácil y de doble sentido, Calderón y Lino declaran que buscan rescatar el desaparecido teatro callejero, que ahora  no cuenta con muchos espacios en las zonas regeneradas.

Esta modalidad de teatro tuvo su apogeo en Guayaquil en la década de los 80 de la mano del grupo El Juglar, relata Augusto Enríquez.

El actor y director actual del grupo Kurombos comenta que en aquella época los integrantes de El Juglar ofrecían obras con técnica y estética.     

“No se puede usar las herramientas del teatro para sobrevivir, hay que aportar creatividad y arte. No solo se trata de pasar el sombrero o la gorra para el dinero”, recalca Enríquez, quien se especializó en teatro en Argentina. 

Explica que para desarrollar un buen teatro al aire libre, es necesario una formación. “Hay técnicas que se aplican para el teatro de sala y otras para el de espacio abierto”.

Con él coincide la actriz Azucena Mora -ex integrante de El Juglar y que también ha incursionado en la televisión-, pues dice que “el hecho de que sea teatro callejero no quiere decir que se haga cualquier cosa”. 

Señala que los nuevos aficionados al teatro al aire libre deben capacitarse. “Ahora se muestra más vulgaridad y es un círculo vicioso porque estos ‘actores’ dicen que lo que hacen es darle al público lo que pide”.

Opiniones

PETER HURTADO
“Me parece divertido el show, siempre que puedo lo vengo a ver. Es una forma de apoyar el arte”.

ISABEL PÉREZ
“Vengo a verlos con mi familia. Es una oportunidad para decirle al Municipio  que capacite a estos jóvenes”.

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