- DIC. 02, 2008 - Foto - Cultura - EL UNIVERSO
QUITO. Pájaro Febres Cordero en la presentación de su libro.
Abrió su álbum de fotos familiar para que todos miraran en su interior. Para que vieran desde la moda de los hippies hasta los retratos de la familia, los amigos, novia-esposa, la casa, el teatro, los viajes, el barrio, los hijos y el nieto Tadeo. En su obra Soy el que pude, el Pájaro Francisco Febres Cordero hace una confesión de su vida.
La sala Pablo Palacio del Centro de Convenciones Eugenio Espejo solo tenía capacidad para 200 personas, pero la noche del sábado –en la presentación de la obra– ese lugar lucía abarrotado de gente, que de pie escuchó por más de una hora las vivencias y ocurrencias del Pájaro. “ Soy el que pude es una prueba de amor, es un desafío al dolor, un acto de valentía frente a la vida, en donde no hace falta ni una sola foto, las que hacen reír, las que hacen llorar y las que más de uno hubiera querido editar”, decía la escritora María Fernanda Heredia en la presentación de la obra.
Luego se proyectó un video en el que el Pájaro comparte su historia. Un video en donde están las fotos importantes de momentos de alegría, de tristeza. Su relato conmovió al público hasta las lágrimas.
“¿Arrepentimiento? ninguno, la vida no da para eso, ¿nostalgia?, sí, dolor de lo perdido, memoria. Esa fue la intención del libro: contarle a Tadeo (su nieto) aquello que no va a conocer, que no puede conocer.
Y quizás por eso, este libro está fabricado de estos retazos y quizá por eso, el presente o el futuro queda soslayado. Es un libro del pasado para quienes estamos viejos”, comenta el Pájaro al público cautivo.
No duda ni un minuto cuando Heredia le pregunta ¿quién quiso ser? “Todo, quise ser torero, Superman y después con el tiempo abogado, vocación que se frustró a tiempo. Quise ser novelista pero a la única novela la eché al tacho de basura. Entonces no me queda nada más, esto que soy, un tipo que a los 57 años conserva viva algunas ilusiones, frustraciones, desesperanzas y desencantos. Soy el que soy”.
La muerte de su madre hace año y medio lo marcó profundamente.
“Ahora me siento como huérfano”, confiesa. Perdió a su padre cuando tenía 18 años. Cree entonces que “la muerte es inevitable. La esperaré hasta que llegue aquí. No sé cuándo voy a morir, pero sí quiero que cuando llegue, tenga el derecho a morir”.
Al repasar las páginas de su vida llega a una reciente, el nacimiento de su nieto Tadeo. Dice que ser abuelo es llegar a un estado de gracia.
“Estoy santificado ¿qué más puedo pedir a la vida?”. Dice que la vida es transgresión, uno aprende a vivir cuando transgrede porque el cumplimiento de las normas, el cumplimiento exacto de los preceptos lo hace infeliz.