martes 02 de diciembre del 2008 Columnistas

Vuelven palomitas

En esas contradicciones que tiene nuestro país vemos cómo las aerolíneas privadas ecuatorianas se vuelcan al Estado por protección frente al posible ingreso de LAN (empresa chilena) al Ecuador con vuelos internos.

Por un lado está el argumento de las empresas aéreas nacionales que demuestran, según cifras recientes, que están justo sobre el borde de ocupación requerido para tener ganancias y seguir operando. Dicen que hoy registran el 72% de ocupación y la demanda por sus vuelos es todavía menor a lo que ofertan, por lo tanto el ingreso de una nueva aerolínea no les permitiría continuar con la cantidad de pasajeros que las mantiene a flote. Argumento interesante, pero incompleto, y veremos por qué.

En materia economía, sin duda uno de los aspectos más importantes es el de los incentivos y en este sector se vienen olvidando aquellos incentivos que nos permitirían tener hoy un eficiente mercado aéreo, cosa que ni de lejos tenemos. Me explico mejor: las aerolíneas nacionales reciben hace muchos años un subsidio al combustible que pagamos todos nosotros (con nuestros impuestos), que les ha permitido seguir operando. ¿Qué incentivos han tenido para renovar sus flotas? Ninguno.

Para lograr que reemplacen sus aviones se ha necesitado un decreto presidencial que les elimina el subsidio en algunos meses si no renuevan sus flotas. Esto se hubiera logrado hace mucho tiempo con un mercado abierto a la competencia, donde cada aerolínea dispuesta a salir adelante hubiera conseguido siempre mejores aviones para satisfacer a sus clientes buscando garantizarles un vuelo más seguro y consumir además menos combustible para tener así menores costos operativos. Nada de esto es ciencia nuclear, es economía básica y de esto nos hemos olvidado.

Otro aspecto importante es que con la “protección” que reciben del Gobierno, las aerolíneas han podido ser las que fijan las rutas para volar en lugar de permitirles a sus usuarios que hagan esto mediante la libre competencia. Todas tienen prácticamente las mismas rutas con horarios incluso muy parecidos y por ende no han tenido la necesidad de tomar riesgos comerciales.

Quizá el error más dramático está en creer que el mercado aéreo es ese pastel que ya no crece más y por ende una nueva empresa que venga a competir simplemente tomará una parte existente de la torta en perjuicio de los demás. No se dan cuenta de que con competidores las aerolíneas se deberán volver más eficientes, volar a menores costos y a mayores destinos, permitiendo así que muchos que hoy no pueden volar por el alto costo del pasaje o por la falta de rutas, en un futuro lo hagan aumentando el tamaño de aquella torta. Finalmente, el monopolio se evita con una ley y los incentivos correctos.

Solo aprendemos cuando competimos con mejores rivales. Así que vuelen palomitas, Jefferson Pérez lo demostró muy bien, los ecuatorianos podemos enfrentarnos al mundo y ser los mejores. Ya es hora de abrirnos al mundo y demostrarles a todos de lo que somos capaces.
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