En Durán funcionan nueve Unidades de Policía Comunitaria. El control incluye consultas a vecinos.
“Da miedo salir”. Esas son las primeras palabras con las que Elizabeth Córdova, dueña de un minimarket en la manzana B-46 de la ciudadela Abel Gilbert 3, se expresa sobre la delincuencia en Durán.
En este cantón también se implementó el plan Ciudades Seguras y Noches Seguras, en la que intervienen 1.596 Unidades de la Policía Comunitaria (UPC) del país.
El plan forma parte de la emergencia operativa de la Policía Nacional, decretada el pasado 21 de octubre por Jaime Hurtado Vaca, comandante general de entidad.
En Durán, por ejemplo, existen nueve UPC que protegen a los ciudadanos en la noche.
Según el subteniente Guido Coloma Salazar, jefe de las UPC de Durán, ellos comenzaron a operar hace una semana.
Rondas de seguridad
Pasadas las 20:30, cuatro de los cinco uniformados asignados al UPC 56, en la cdla. Primavera 1, en Durán, empezaron a recorrer las cuadras aledañas para charlar con los dueños de locales comerciales y moradores que a esa hora aún transitan por las calles y los estrechos callejones de la ciudadela.
Con un tablero en mano, los policías Édgar Sánchez, Roberto Loachamín y el cabo segundo José Murillo abordan en la manzana B-10 a Francisco Dávila Tapia, dueño de un local de venta de comidas típicas.
Los agentes le preguntan si tiene alguna novedad en su negocio o si observó personas en actitud sospechosa merodeando el sector.
Dávila se sorprende por el interrogatorio, pues dice que no es común.
“Todo está normal por ahora”, contestó.
El hombre se muestra seguro con la presencia policial, pero aprovecha para quejarse porque su vecino vende licor y eso perturba a sus clientes.
Con un apretón de manos, cual amigos de siempre, Dávila se despide de los uniformados, una vez que estos llenan el registro de visita del local.
En la UPC 55, en la manzana 26 de la ciudadela Ana María de Olmedo, la situación no fue similar.
En ese sector el personal policial se reduce a cuatro hombres. Tres gendarmes realizan la ronda a pie, mientras que el cuarto se queda al resguardo de la unidad.
Según Coloma, las rondas se realizan también en moto, pero aclaró que la UPC nunca puede quedar abandonada, pues en cualquier momento se reporta alguna novedad.
Lourdes Villota Sarmiento, una moradora de la ciudadela, dice sentirse protegida con los patrullajes, pero expresó que le gustaría que el control lo realicen más uniformados, pues los cuatro no se abastecen.
El recorrido se extiende hasta la UPC 93, ubicada en el malecón del cantón.
Tras registrar a unos jóvenes que charlaban en la calle, Orlando Pacheco, cabo encargado de la UPC, señala que las llamadas de auxilio más comunes son por escándalos en la vía pública (generados por libadores) y violencia intrafamiliar.
“Eso ocurre más los viernes, sábados y domingos en la noche”, asegura el oficial.
Pacheco denuncia que las peleas se producen por la existencia indiscriminada de bares, discotecas y cantinas.
Durante el recorrido por las calles Esmeraldas y Malecón, un sujeto sale de un bar. Apenas ve a los uniformados intenta huir, pero es capturado, aunque luego recobra la libertad tras no comprobársele ningún delito.
En la ciudadela Abel Gilbert 3 funciona la Unidad de Policía Comunitaria Nº 94.
Napoleón Cajo, cabo segundo de la Policía, lidera esta UPC que abarca también a los sectores Los Helechos, Primavera 2 y Colinas del Valle.
Los cuatro gendarmes, dos de ellos armados con revólveres Smith & Wesson calibre 38, y los dos restantes con una Glock y una CZ 9 milímetros, visitan las viviendas de la zona durante cinco minutos.
Sin embargo, la inseguridad continúa en la ciudadela, se queja Córdova.
“Solo esperamos que los ladrones tengan miedo y se alejen”, indicó, tras agregar que en el lugar predominan los “arrancha celulares”, los cuales se movilizan en motos y bicicletas.
Lourdes Villota
Del barrio Ana María de Olmedo
“A veces (los policías) están en operativos y nos dejan solos. La UPC queda cerrada, es una pequeña falla de parte de ellos”.