Como buen catador de la lengua latina, pienso que los romanos no hubieran hablado de cafetarium sino de cafeae taberna, pero no tuvieron el gusto de conocer el producto. Además, el cafetarium del que les voy a hablar no es precisamente un lugar especializado en aquel tipo de bebida sino un sitio que oscila entre la cafetería y el restaurante, sin ninguna clase de pretensión, de no ser la de proponer cosas buenas a precios realmente bajos.
Detrás de aquello obviamente tenía que estar una mujer progresista de excelente visión pero a la vez con sensibilidad profundamente ecuatoriana, el indispensable toque de locura: María Fernanda González. El resultado fue el Cafetarium de la Clínica Alcívar.
Los almuerzos tienen una excelente calidad, desde el sencillo caldo de pollo (no es tan fácil hacer cosas simples) hasta platos de toque asiático o tropical. Investigué y pude dar con el chef Luis Álvarez, cuencano de buena cepa que tiene a su cargo desde hace mucho tiempo la elaboración de todo lo que se ofrece a la clientela del famoso Cafetarium.
Dichos consumidores son, en primer lugar, los médicos, parte del personal de la clínica, familiares de los enfermos, visitantes, pacientes, pero la calidad de la comida ha drenado a los vecinos del Barrio Centenario quienes suelen, sobre todo los fines de semana, buscar afanosamente los desayunos criollos, donde encuentran humitas, hayacas, empanadas de verde, pollo o carne, pasteles con los mismos ingredientes más el clásico de acelga, tortitas de yuca, papas rellenas, pasteles de chorizos, hasta pequeñas pizzas, quipes libaneses. Desde luego, pueden escoger café con leche, chocolate caliente, jugos naturales.
A la hora del almuerzo creo que les vendrían bien el caldo de bolas, el arroz con camarones, pollo, lomo con ensalada (en un conjunto ligero para quienes cuidan la silueta), el sancocho serrano, medallones de lomo con papitas al curry y según su gusto, pollo en salsa de piña, de champiñones gratinados con acelga, pescado con mariscos, locro de espinacas, encebollados y cebiches.
La gama de postres incluye arroz con leche, pie de limón o manzana, gelatinas, queso de leche, pero les recomiendo particularmente la torta de maduro con amaretto. No sé por qué nos obstinamos en hablar de pie y de mousse si nuestro idioma tiene palabras como pastel y espuma.
La decoración del lugar en la que participaron los locos entrañables de La Cueva del Lobo (insólito restaurante capitalino) permitió un ambiente luminoso, tónico, alegre, alto en colores; incluye una pantalla plasma que aglutina en ciertos horarios a los fanáticos del fútbol. Cuando estuvimos, se jugaba un partido entre Liga y Barcelona. Los precios son más que razonables si ustedes piensan que un almuerzo completo viene a costar solamente $ 5,50.
Pero lo esencial del asunto, lo que llevó a Epicuro a dedicar una crónica al Cafetarium es aquella idea genial de dar a una clínica aquel toque gourmet. Esta unión afectuosa, ejemplar, que sigue reinando entre Eduardo Alcívar y su ex esposa María Fernanda, permitió aquel milagro gastronómico, pues ambos son excelentes tenedores. Vanessa Franco, quien dirige con acierto el lugar, asegura constancia en la calidad de los platos ofrecidos. No hay problemas de estacionamiento y el lugar ofrece tranquilidad, seguridad.
Cafetarium: clínica Alcívar, Coronel 2301 y Azuay.