En uno de los portales de Amalfi, la pequeña ciudad italiana ubicada en la costa que va de Nápoles a Salerno, se lee una inscripción grabada en mármol que dice: “Los ciudadanos de Amalfi cuando vayan al Paraíso no encontrarán diferencia alguna”. La belleza del lugar y de sus alrededores justifica ciertamente tan presumida declaración. Muy cerca de allí, subiendo una zigzagueante y empinada ruta, se encuentra Ravello, un minúsculo pueblo cuyos residentes probablemente gocen de la misma suerte de sus vecinos amalfitanos, con la diferencia de que geográficamente están más cerca del cielo.
Hasta que tuvo que mudarse a California por problemas de salud en el 2004 es allí, en Ravello, donde Gore Vidal vivió por unos treinta años de su existencia. Al igual que el pueblo, la villa de Vidal tenía una vista espectacular del Mar Tirreno. Anidada en una de las pendientes desde su terraza, en un día claro, la vista parece llegar hasta Paestum.
Aunque es difícil predecir si este gran escritor estadounidense llegue a ser recibido en el paraíso –hay quienes a los 80 años se hacen sin querer esta pregunta– hasta él ha de coincidir que luego de haber vivido en Ravello durante tanto tiempo él ya tiene una buena idea del mismo.
Para la segunda parte de su autobiografía, Gore Vidal escogió el título Point to Point Navigation. El libro ha sido traducido al español por Mondadori como Navegación a la vista (Barcelona. 2008), y su lectura es una verdadera delicia. Vidal explica que el origen de este título se remonta a los años de la Segunda Guerra Mundial cuando siendo un joven primer oficial tenía que navegar alrededor de las Islas Aleutianas prácticamente de memoria, pues la falta de sol durante el día y de estrellas por la noche, así como lo tormentoso del mar, los obligaba a poner proa ‘a la vista’.
“Mientras escribía esta crónica de mi vida (...) tuve la sensación de encontrarme de nuevo ante esos cabos y rocas del Mar de Bering por el que tuvimos que navegar tan a menudo con una brújula inservible debido al mal tiempo”, explica Vidal en la introducción de la obra.
El libro ciertamente lo transporta al lector a navegar en las agitadas aguas por las que Vidal siempre le ha tocado vivir o le ha gustado provocar. Sus páginas nos llevan a viajar por los mares de la literatura, el cine, el arte, la política y el teatro, y al hacerlo nos comparte no solamente sus interesantes reflexiones sobre su valor intrínseco sino que además comparte con el lector sus logros personales, sus frustraciones y hasta sus resentimientos.
Entre los personajes que desfilan por sus páginas se destacan Jack y Jaqueline Kennedy, Orson Welles, Tennessee Williams, Eleanor Roosevelt, Johnny Carson, Paul Newman, Elia Kazan, Federico Fellini, Alberto Moravia, Francis Ford Coppola, Greta Garbo y Rudolf Nureyev.
La ruta que cubre este viaje se extiende desde los años de Kennedy hasta nuestros días. Un espacio de tiempo tan largo como larga ha sido la vida y producción literaria del autor. A diferencia de la primera parte de su autobiografía (Una memoria, editorial Debolsillo. 2006) en esta segunda parte Vidal no sigue un hilo cronológico de su complicada vida sino que, más bien, da brochazos aquí, brochazos allá –en forma de breves capítulos– sobre los hechos más relevantes.
Allí coexisten reflexiones llenas de sarcasmo –como las que le dedica al New York Times y al establishment de Washington D.C. junto con páginas de delicados sentimientos– como la muerte de su compañero y amigo de años, Howard Austen, así como una extravagante hipótesis sobre el asesinato de John Kennedy. Su pesimista visión sobre la clase dirigente de su país se mezcla con su característica arrogancia, sus escandalosas opiniones, así como su sólida formación helénica.
En su característico estilo, Vidal mantiene a lo largo del libro un interesante diálogo con el pensamiento de Montaigne y su visión de la mortalidad y destino humano. Pero, a la vez, logra mantener un ritmo ameno y hasta divertido, contándonos, por ejemplo, de su amistad con Fellini y los pormenores de su aparición en el filme Roma de Fellini y el viaje con Paul Newman por las islas griegas.
Vidal es un prolífico autor que ha transitado por casi todos los géneros. Ensayista, dramaturgo, novelista, crítico literario, guionista cinematográfico y biógrafo. Sus vínculos familiares con varios políticos estadounidenses dejaron una impronta en su espíritu que lo revelan sus memorias.
De hecho Vidal incursionó en la política de su país por un breve periodo. Entre su vasta obra recomendamos leer también su biografía de Abraham Lincoln (Lincoln, editorial Edhasa). Por sus páginas desfilan acontecimientos, anécdotas, gente y reflexiones sobre su vida, la política, el arte y la cultura.