Domingo 30 de noviembre del 2008 El Gran Guayaquil

Refugio contra el cáncer

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Ícaro Pesántez, de 9 años, tiene un tumor cerebral. Junto a su padre, Guillermo Pesántez, lucha contra la enfermedad hace tres años. Ellos vivían en Esmeraldas.

La Asociación de Padres para Niños y Adolescentes  con Cáncer fue fundada hace tres años.

Se levantaba a las cinco de la mañana, veía a su esposa e hijos dormir, tomaba su mercadería y comenzaba su recorrido de comerciante. Hace tres años, Guillermo Pesántez era un vendedor informal en Viche, una parroquia en Esmeraldas.

“Llegaba cansado, como a las dos de la tarde, para darle la comida a mis niños”, recuerda con una sonrisa, intentado revivir esa rutina que ahora extraña.

Son las 15:00 y está sentado al lado de la cama de su hijo, en un albergue en Guayaquil. Guillermo ha vivido los últimos tres años en este sitio de acogida de la Asociación de Padres para Niños y Adolescentes con Cáncer (Asonic). Su hijo Ícaro tiene un tumor en el cerebro.

Asonic fue fundada en el 2005 para albergar a padres de niños con cáncer que llegan a la ciudad desde otras provincias.

Este es el único albergue en la ciudad que atiende   exclusivamente a menores con este mal;  el del hospital de niños Roberto Gilbert Elizalde, es para enfermos en general.  “Si ya los niños tienen bastante que sufrir por su enfermedad, no es justo que sufran viendo a los demás padecerla”, dice.

La iniciativa de crear este centro nació en España, donde Cindy Crespo, una de las  administradoras, y otras mujeres viajaron hace cuatro años para que sus hijos reciban un trasplante de médula en Murcia.

El viaje solo fue posible por un convenio gestionado por el médico español Antonio López Bermejo, gestor de las operaciones y trasplantes en ese país, y quien contribuyó con la creación del albergue. 

“Él consiguió los fondos para comprar esta casa, nos ayudó a nosotros y a mí cuando me detectaron cáncer de  mama”, recuerda Crespo, agradecida.

 Ella se queda tranquila, mira al frente, sonríe y dice: “Este trabajo es difícil, no solo conseguir  donaciones, es que encariñarnos con los niños y verlos sufrir es revivir lo que ya pasamos”, comenta. Dice que tras luchar seis años para que su hija con leucemia se recupere, siente que su misión   es ayudar a otros padres en esa situación.

Crespo le tiene cariño a Ícaro, a quien conoce desde que llegó a Asonic. También admira a Guillermo, quien se ha convertido en el padre encargado del albergue cuando no está ella o su  compañera en la administración, Esther Anchundia.

Guillermo es un padre amoroso que aún ve en su hijo al niño travieso  que, dice, “le daba la vuelta a la casa” y también tiene presente en su memoria el momento en que Ícaro tuvo el primer síntoma. “Estaba mareado, parecía un borrachito”.

Mueve la cabeza con rabia y dice con reproche: “Anduve dos meses tonteando en clínicas y dispensarios, pero en Esmeraldas la gente se muere”.   

Las familias que llegan a Asonic comparten esta impresión.

Para María Portero, de 33 años, la leucemia de su hijo Elibanop fue una hepatitis, un dengue, hasta gripe, y cuando ningún diagnóstico parecía acertado llegó desde Babahoyo al hospital Francisco de Ycaza Bustamante, donde los médicos le dieron la dura noticia: “Es cáncer, vaya a Solca”.

La enfermedad de Elibanop no parece afectarlo tanto como lo hace. Él corre, come papitas naturales –no le gustan las picantes–, pelea con sus compañeros en Asonic y juega. María cree que esto es casi un milagro, pues hace un mes, cuando el niño recibió una serie de vacunas como parte de la quimioterapia, estaba débil y se quedó completamente calvo.

Él aún no nota los sacrificios de su madre, tiene solo 9 años. No sabe que en el tratamiento gastó los ahorros de su abuelo y que María no puede pagar el costo de ir y venir de Babahoyo, por lo que pidió una exoneración especial a la Flota Babahoyo Interprovincial para que su pasaje fuera gratis. Es un niño alegre que sabe que está enfermo, pero no entiende la magnitud de su problema, tiene leucemia tipo C, de alto riesgo.

Elibanop e Ícaro comparten las ganas de salir de Asonic y regresar curados, solo de visita, a este que es su hogar.

Textuales

Esther Anchundia
dirigente de asonic

“Mi hijo se fue después de 6 años de luchar con la leucemia. Él era un soldado, por él no me canso de mi trabajo”.

Mayra Samaniego
Madre

“El cáncer es una enfermedad que le cambia el carácter a los niños; mi hijo ya  no es el mismo, pero seguimos luchando”.

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