El acontecimiento es considerado como un acercamiento entre la Iglesia y el gobierno.
Miles de fieles y el presidente de Cuba, Raúl Castro, asistieron ayer en Camagüey a la primera beatificación de un religioso católico en la isla, el fraile hospitalario José Olallo Valdés (1820-1889), en un nuevo acercamiento entre la Iglesia y el gobierno comunista.
Vistiendo un traje gris, Raúl Castro, de 77 años, llegó pocos minutos antes de comenzar la ceremonia, a las 08:00, en el casco viejo de Camagüey. Castro saludó a la jerarquía religiosa antes de ocupar un asiento en primera fila.
Desde un altar improvisado en la puerta principal del templo de la Virgen de la Caridad, escoltado por banderas de Cuba y el Vaticano, el cardenal José Saraiva, prefecto de la Congregación para las causas de los santos, ofició la misa de beatificación por casi tres horas.
Saraiva estuvo acompañado en la ceremonia por el cardenal cubano Jaime Ortega; el nuncio apostólico Luigi Bonazzi; el arzobispo de Camagüey, Juan García; y dos decenas de obispos cubanos y extranjeros.
Durante la ceremonia, el diácono Miguel Ángel Ortiz entregó una Biblia multilingüe a Raúl Castro, quien en su infancia estudió junto con su hermano, el líder Fidel Castro, de 82 años y enfermo desde julio del 2006, en colegios de órdenes religiosas en la suroriental Santiago de Cuba.
La ceremonia, que será transmitida en diferido por la televisión estatal, fue anunciada el viernes por el diario oficial Granma, en un despliegue inusual de casi una página.
Olallo, cuyos restos mortales estaban en el oficio dentro de una urna, es el segundo cubano en ser beatificado –el primero fue hace un año en España–, era miembro de la orden Hospitalaria San Juan de Dios y, aunque no era sacerdote, el pueblo lo denominó “padre”.
El religioso dedicó su vida a la atención de enfermos y heridos de la primera guerra de independencia (1868-1878) contra la corona española, a la que desafió al no acatar las leyes de exclusión de las órdenes religiosas de Cuba, donde quedó como único hospitalario.
La presencia de Raúl Castro y altos representantes de su gobierno en la beatificación es interpretada como indicador de un momento de fluidez en las relaciones entre la Iglesia y el Estado, que han sido ondulantes en 50 años de gobierno comunista y que mejoraron con la histórica visita del papa Juan Pablo II en enero de 1998.
La niña Daniela Cabrera, de 12 años, supuestamente sanada de un linfoma incurable gracias a sus oraciones a Olallo, asistió también a la ceremonia y declaró: “Me siento feliz y contenta porque el padre Olallo me escogió a mí para hacer el milagro y porque él sea beatificado”.
Benedicto XVI firmó a fines del 2006 los decretos que proclaman las virtudes de Olallo.
Antes de viajar a Camagüey, Raúl Castro, quien asumió formalmente la presidencia en febrero pasado, acompañó al presidente ruso Dimitri Medvedev –que concluyó el viernes una visita a Cuba– a la catedral ortodoxa rusa, a cuya inauguración había asistido el 20 de octubre pasado.