Domingo 30 de noviembre del 2008 El País

Estafas piramidales son repetitivas en Sudamérica y el mundo

AP | BOLIVIA

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En el 2005, en Ecuador se descubrió la estafa del notario José Cabrera Román, después de que él murió en Quito.

Familiares de inmigrantes que envían remesas a Bolivia; jueces, políticos, jefes policiales, militares y personas de todos los estratos sociales en Ecuador; funcionarios públicos que cobraron jubilaciones en Perú, campesinos y gente de la clase media en Colombia han sido el blanco preferido de las estafas piramidales, un delito inventado hace más de un siglo  que sigue cobrando víctimas, sobre todo entre los más pobres.

En Ecuador fueron protagonistas  migrantes, autoridades judiciales, militares, policías e incluso políticos, de un sonado hecho descubierto en el 2005 cuando el presunto estafador (el notario José Cabrera) murió. El caso se analizó en días pasados en un seminario internacional de estafas en pirámide en Bolivia.

“Miles de millones de dólares son captados por ‘delincuentes’ que ni siquiera manejan un software sofisticado. Un disco duro con la lista de los clientes es suficiente”, dijo en Bolivia Camilo Valdivieso, asesor de la Superintendencia de Bancos del Ecuador, y comentó que la conmoción fue tal que una turba llegó a profanar la tumba del notario para cerciorarse de que sí estaba muerto, ante el rumor de que  huyó con los recursos.

El dinero fluye tan rápido y en tal cantidad que en Perú las autoridades hallaron habitaciones abarrotadas de billetes enmohecidos en 1993 en una empresa intervenida, dijo Eduard Ascensio Domínguez, de la Superintendencia de ese país.

Con frecuencia, cuando se descubre el fraude provoca crisis sociales debido a que los clientes, que se cuentan por miles, se movilizan, irónicamente, en defensa del estafador, con la ilusión de recuperar su dinero.

El caso más reciente ocurrió en Colombia, donde el gobierno acabó de intervenir empresas  ante la sospecha de que lavaban dinero del narcotráfico. DMG (iniciales del nombre de su presidente, David Murcia Guzmán), manejada por un ex ayudante de camaras de 28 años, estafó, según estiman las autoridades, a 200.000 familias y captó ahorros de la gente por $ 435 millones solo este año.

En Bolivia, una captadora llegó a financiar un equipo profesional de fútbol en 1992; y una compañía intervenida en La Paz a principios de año prometía duplicar el capital ahorrado en ocho meses, y ofrecía casas y autos para captar dinero, dijo el superintendente de Bancos de Bolivia, Marcelo Sabalaga; y en ese país, en los años ochenta, se estafó a  miles de mineros, quienes se calcula llegaron a perder al menos $ 50 millones.

Las estafas piramidales son organizadas alrededor de negocios imposibles de hacer. Funcionan mientras siguen ingresando fondos y llega un momento en que los depósitos de la base no cubren los intereses de los depósitos anteriores. Ahí la pirámide colapsa y el estafador desaparece, dijo el investigador boliviano  Óscar Pamo.

El primer caso documentado de esta forma de estafa ocurrió en Boston, Estados Unidos, con el italiano Charles Ponzi, quien amasó una fortuna después de la Primera Guerra Mundial con sellos postales. Sin embargo, quizá la más grande sea la desbaratada en España en el 2006. Unas 400.000 personas perdieron hasta 5.100 millones de euros en un fraude piramidal basado en sellos postales que operó durante 25 años con la promesa de atractivos intereses.

Esta forma de embaucar puede ser considerada como uno de los virus financieros más perniciosos, señala un documento distribuido por los organizadores del seminario.

Los estafadores dicen a sus clientes que sus inversiones están fuera del país. Los mecanismos de control no siempre son eficientes y oportunos, reconocieron los expertos, y por ello recomendaron a los países reforzar sus legislaciones frente a hábiles estafadores que buscan métodos para engañar a la ley.

Una tarea urgente, dijeron, es incrementar campañas de prevención, aunque reconocieron que la mayoría de los estafados son engañadas por una falsa ilusión. Pero otros son una mezcla de ingenuos y avaros, y por tanto cómplices, lo que tampoco rige en la ley, se concluyó.
El País

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