Joel Moss Levinson siempre supo que tenía una vocación en la vida. Pero requirió de cámaras de video baratas, YouTube y algunas corporaciones desesperadas para descubrir cuál era.
Su habilidad es crear comerciales corporativos caseros; lo que los anunciantes llaman una forma de “contenido generado por usuarios”. Las compañías, desesperadas por “conectarse” con los consumidores más jóvenes, patrocinan concursos en busca de estos comerciales.
Hasta ahora, Levinson, que abandonó sus estudios y tiene docenas de empleos fallidos en su currículum, ha ganado 11 concursos, lo que le ha redituado más de 200.000 dólares en dinero y premios. Ganó 100.000 de la firma Klondike después de filmarse a sí mismo en el Ártico cantando acerca de las barras de este helado.
Recibió cuatro meses de estancias en hoteles Best Western por una canción que cantó acerca de su dispensador de agua.
Ha recibido como premios viajes a Budapest, Buenos Aires y Copenhague de Delta Air Lines; un iPod de la organización American National CattleWomen; y 6.000 dólares del Proyecto Israel, grupo de promoción de ideas, por menciones de honor en tres categorías diferentes —inglés, alemán y ruso— y casi no habla los últimos dos.
“Es genial tener licencia para ser idiota”, dijo. Es especialmente genial cuando es patrocinada por corporaciones.
Le comenzaron a solicitar estos comerciales hace unos años, cuando se percataron de la popularidad de YouTube. Hoy, se transmiten por televisión. Y los premios también han crecido: Doritos se propone pasar un comercial generado por un usuario durante el próximo Súper Tazón, y le ofrece un millón de dólares al ganador.
Levinson, de 28 años, creció en Dayton, Ohio, donde su padre era fiscal y su madre escritora.
“Siempre está dispuesto a ser estrafalario”, dijo Jim Levinson, su padre. “Joel se decide a lograr algo, e idea la manera de hacerlo”.
Levinson trabajaba como acomodador en un club de comedia en Indianapolis en la primavera de 2007 cuando leyó que Planet Smoothie, franquicia con sede en Atlanta, Georgia, buscaba a alguien para que fuera Cupman, su mascota. “’¿Te interesaría viajar por el país? ¿Te interesaría vestirte de smoothie gigante?’. Pues en todos esos frentes, yo diría que sí”, comentó.
Hubo 95 participantes, pero él ganó fácilmente.
Pasó algo de tiempo antes de que pudiera mantenerse con sus victorias. Comenzó a llevar su cámara de video a los viajes que había ganado, para explotar los escenarios. Cuando fue enviado a Australia por un concurso de vinos, filmó segmentos para concursos de Oreo y Nesquick.
Cuando ganó un concurso de las barras de granola Nature Valley y su premio fue un viaje al Ártico, filmó los videos de Klondike y del Proyecto Israel, para el que se disfrazó de pingüino.
“Cuando piensas en Israel como una gran democracia, no piensas en un tipo disfrazado de pingüino corriendo por ahí”, dijo Jennifer Laszlo Mizrahi, fundadora del Proyecto Israel. “Ese es el propósito de la Red. La idea es encontrar algo que sea pegajoso, que la gente diga: eso es diferente”.
Su afabilidad es una ventaja, pues muchos de estos concursos son determinados por votos. Tiene un grupo de Facebook llamado “Yes, Joel, I’ll vote for your newest stupid contest” (Sí, Joel, votaré por tu más reciente concurso estúpido) y usa twitter, blogs,email y mensajes para pedir a sus conocidos que voten.