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Pedalea Europa hacia planeta más verde

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Con su programa de bicicletas, Barcelona también busca mitigar el congestionamiento vial y la contaminación.
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Noviembre 30, 2008

Por ELISABETH ROSENTHAL | BARCELONA, España

En la Europa con cada vez más conciencia ecológica, se dice que sólo existen dos tipos de alcaldes: los que tienen un programa de bicicletas compartidas y los que quieren uno.

Los programas han nacido y cobrado auge en docenas de ciudades, en los últimos años, a una escala que nadie habría creído posible y en lugares donde el ciclismo nunca había sido popular.

Los programas de bicicletas colectivas no sólo incluyen el Vélib parisino, con sus 20 mil bicicletas, sino también programas sumamente populares con miles de bicicletas en ciudades importantes como Barcelona y Lyon, Francia, así como en Pamplona, España; Rennes, Francia y Düsseldorf, Alemania.

Las bicicletas colectivas les han brindado una solución sencilla a los alcaldes deseosos de aliviar los embotellamientos y demostrar su compromiso con el medio ambiente: por el precio de un autobús, invierten en una flotilla de bicicletas, lo que les permite evitar años de construcción y permisos requeridos para un Metro. Para los usuarios, el programa es sinónimo de transporte económico y oportunidad de contribuir al bienestar del planeta.

Los nuevos sistemas son exitosos en parte porque ofrecen enormes números de bicicletas disponibles en toda la ciudad, pero su verdadero fundamento es la tecnología. Gracias a tarjetas electrónicas y áreas computarizadas para estacionamiento de bicicletas, los usuarios pueden recoger y devolver sus bicicletas en unos cuantos segundos en cientos de ubicaciones, mientras que su pago es descontado de su cuenta bancaria.

Las nuevas y enormes redes europeas de bicicletas compartidas funcionan menos como opción de esparcimiento que como alternativa barata al transporte público. La mayoría de los programas excluyen a los turistas y excursionistas.

Durante las horas pico, las calles de Barcelona se llenan de las bicicletas de color rojo vivo de Bicing, el programa municipal lanzado hace 18 meses, utilizadas por empleados que hacen el trayecto entre su domicilio y su lugar de trabajo y otros ocupados con mandados. Bicing ofrece 6 mil bicicletas en 375 puntos de renta separados entre sí por unas cuantas cuadras; las bicicletas parecen estar en constante movimiento.

“Lo utilizo todos los días para ir y venir al trabajo; todo el mundo lo hace”, expresó Andre Borao, emprendedor de 44 años, cuando se disponía a pedalear a casa a la hora de la comida.

El plan barcelonés en crecimiento es típico de los llamados programas de tercera generación, que dependen en gran medida de la tecnología.

En esa ciudad española, un cliente adquiere una membresía anual por alrededor del equivalente a 30 dólares y recibe una tarjeta inteligente que le permite sacar una bicicleta de un punto de renta mecanizado.

La primera media hora de uso es gratuita, con un cargo del equivalente a 30 centavos de dólar por cada media hora adicional. Una bicicleta debe ser devuelta a cualquier otro punto en las siguientes dos horas o la tarjeta puede ser desactivada.

En América del Norte, problemas como la responsabilidad civil, una cultura automotriz más arraigada, trayectos más largos de traslado al trabajo y una preferencia por el uso del casco han entorpecido la adopción de programas de bicicletas.

Ninguno de los programas europeos requiere utilizar casco. Aún así, Washington y Montreal experimentan actualmente con programas a pequeña escala y Chicago, Boston y NY tienen opciones bajo consideración. La ciudad brasileña de Sao Paulo también tiene planeado iniciar un programa.

Resulta difícil cuantificar el impacto de los programas de bicicletas compartidas en el tráfico o las emisiones. Los funcionarios de Lyon, una de las primeras ciudades en implementar un programa de bicicletas de alta tecnología a gran escala, estiman que las bicicletas colectivas han eliminado toneladas de contaminantes desde su lanzamiento, en el 2005. Sin embargo, agregan que más que eso, han modificado el rostro de la ciudad.

“La masa crítica de bicicletas en la calle ha apaciguado el tráfico”, declaró Gilles Vesco, alcalde adjunto encargado del programa, en Lyon.

“Ahora, la calle le pertenece a todo el mundo y necesita compartirse mejor. Se ha convertido en espacio público más hospitalario”.


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