Esta temporada, los cines estarán invadidos por nazis. Una incursión de este tipo es una tradición anual en temporada de Óscares, pero el 2008 ofrece un grupo grande de actores prominentes que personifican al mal más profundo y trascendente del pasado reciente.
A David Thewlis, quien interpreta a un comandante de un campo de exterminio en “The Boy in the Striped Pajamas”, se le unirá Willem Dafoe, quien realiza un papel similar en “Adam Resurrected”, el nuevo filme de Paul Schrader. En “The Reader”, dirigida por Stephen Daldry, Kate Winslet interpreta a una ex guardia de un campo de concentración enjuiciada por crímenes de guerra. Tom Cruise, estrella de “Valkyrie”, de Bryan Singer, interpreta a un militar alemán involucrado en un complot para asesinar a Hitler.
Mientras tanto, los filmes europeos acerca del nazismo y el Holocausto, entre ellos “Los Falsificadores”, que ganó el Óscar a la mejor película en idioma extranjero, en febrero, continuó este otoño con “Un Secreto” y “Plus Tard”, dos filmes en francés relacionados con la memoria y su represión.
La aparición casi simultánea de estas películas es coincidencia, aunque pone de relieve el hecho de que la cultura de principios del siglo 21, en Europa y EE. UU., en la pantalla y en los libros, está morbosamente atraída por el trauma político de mediados del siglo 20.
La cantidad de memorias, novelas, documentales y películas relacionados con el Holocausto en los últimos 10 años parece estar más allá de la cuantificación. ¿Por qué tantas? ¿Por qué ahora? Poco después de la guerra, el crítico alemán T.W. Adorno declaró que “escribir poesía después de Auschwitz es una barbarie”. Esta observación ha sido interpretada como prohibición contra el uso de las herramientas ordinarias de la cultura para abordar el genocidio. Sin embargo, esas herramientas, por más rudimentarias que sean, son con lo que contamos.
La percepción de que esta catástrofe rebasa las tradiciones estéticas convencionales ha llevado a la creación de una variedad de obras innovadoras, entre ellas la poesía lírica de Paul Celan, la prosa de Elie Wiesel, el documental “Shoah” de Claude Lanzmann, “Maus” de Art Spiegelman y el monumento de Peter Eisenmann, en Berlín, honrando a las víctimas judías del nazismo.
Si el Holocausto puede inspirar una gran obra de arte, entonces también puede prestarse, como todo lo demás, a la explotación, la pretensión y la vulgaridad.
Por supuesto, la línea entre lo kitsch y el arte es difusa, y de cualquier modo lo kitsch tiene sus usos.
La miniserie “Holocausto” no es obra maestra, mas su transmisión, en 1979, en la televisión estatal de Alemania Occidental fue decisiva en la manera en que esa nación lidia con su culpabilidad. Se calcula que más de la mitad de la población adulta alemana vió la serie.
La conciencia francesa puede haber sido despertada por películas superiores, pero Francia tardó mucho más en reconocer hasta dónde llegó su complicidad.
Y en Estados Unidos “La Lista de Schindler” en 1993 fue un hito similar. Aunque el Holocausto no fue un suceso central en la historia de EE. UU, “La Lista de Schindler” lo convirtió en uno. Ir a verla al cine fue casi como deber moral, y su triunfo, la noche de los Óscares, fue montado como gran catarsis colectiva.
“La Lista de Schindler” es una historia de heroísmo, resistencia y supervivencia. Y una gran cantidad de las películas de Holocausto que han seguido han hecho énfasis en la esperanza y la superación en lugar de la desesperación.
El Holocausto es más accesible que nunca. Al mismo tiempo, está en proceso de desvanecerse de la memoria viva, lo que podría explicar la oleada de interés cinematográfico y literario. “Un Secreto” y “Plus Tard” son cavilaciones acerca de lo que significa recordar. En esos filmes, judíos franceses nacidos después de la Segunda Guerra Mundial intentan entender qué significa para ellos la aniquilación del mundo de sus padres.
En EE. UU., el Holocausto es un misterio y el interés en él refleja su intrínseca extrañeza. En Francia, Alemania y Europa Oriental, aún es problema urgente que necesita ser resuelto: en el arte, en la política y en la sociedad como un todo.