Pasamos la mayor parte del tiempo trasladándonos de una pantalla a otra: de la computadora al celular, de la televisión al cine, del GPS al reproductor de música.
Como escribió Kevin Kelly en The New York Times Magazine, “nos estamos convirtiendo en gente de pantalla (…) Ahora estamos en la mitad de una segunda revolución de Gutenberg: de la fluidez del libro a la fluidez de la pantalla, de la lectura a lo visual”.
Hace mucho que los críticos advierten que los medios electrónicos van a destruir la lectura, pero lo que parecen estar haciendo es redefinir lo que significa leer.
Un libro ya no es sólo un libro, y el acto de leer pasó de recorrer capítulos a cliquear de link en link.
“Creo que tenemos que preguntarnos qué es exactamente la lectura”, le dijo Jack Martin, subdirector de programas para adultos jóvenes de la Biblioteca Pública de Nueva York, a Motoko Rich, de The New York Times.
“Leer ya no tiene sólo el sentido tradicional de leer palabras en inglés o en otra lengua sobre papel”.
Para los más jóvenes, la experiencia de la lectura es colectiva.
Zachary Simms, un adolescente de Connecticut, le dijo a Rich que suele leer artículos en hasta cien sitios Web. “La Web es más una conversación. Los libros se parecen más a un monólogo”.
Algunos dicen que, al leer online, los chicos aprenden cómo hacer investigación y cómo interpretar videos y fotos.
El año próximo, más de cincuenta países van a examinar esas habilidades mediante un componente electrónico de evaluación de lectura, matemáticas y ciencias, escribió Rich.
Si sentarse con un libro parece exigir demasiado tiempo, ¿qué tal si se atrae a posibles lectores con un videojuego? Eso fue lo que hizo P. J. Haarsma cuando escribió una novela de ciencia ficción. “Ya no se pueden hacer libros”, le dijo a Rich.
Otros escritores, docentes y bibliotecarios recurren a juegos con base de video –o de la Web- para llevar la narración más allá de las páginas de los libros y despertar el interés de los jóvenes.
Les interesen o no, los estudiantes universitarios a menudo tienen que comprar libros caros.
Según Randall Stross, del New York Times, algunos recurren a escanear los libros para que luego se los pueda bajar de sitios de archivos compartidos como PirateBay.org. Pirate Bay, una empresa que tiene sede en Suecia, puede constituir un desafío para muchas editoriales de libros de texto, escribió Stross.
R. Preston McAfee un profesor de economía del Instituto de Tecnología de California, subió su libro a la Web, escribió Stross, lo que hizo nacer la posibilidad de que todos los libros de texto puedan terminar por migrar a Internet.
“Tenemos gran cantidad de conocimientos”, dijo McAfee, “pero no los aprovechamos.” Un laboratorio del Instituto de Tecnología de Massachusetts analiza a qué tipo de información se tiene acceso.
David Kirkpatrick, el fundador del Centro para la Narración Futura, considera que los mensajes de texto y el Twitter socavaron la capacidad de Hollywood de contar una historia.
El centro pronostica que el arco dramático tradicional del relato está en problemas, escribió Michael Cieply, del New York Times. Rand J. Spiro, un profesor de psicología de la educación de la Universidad del Estado de Michigan, le dijo a Rich que a los jóvenes “no les inquieta tanto como a los mayores que la lectura no se ordene en renglones. Eso es bueno, porque el mundo no está organizado en renglones ni en compartimentos separados o capítulos”.