Sábado 29 de noviembre del 2008 Cine

Qué dirá la Academia

torffeqt@gmail.com | Torffe Quintero Touma

Basada en la novela homónima de Ángeles Mastreta, Arráncame la vida, filme  del director  Roberto  Sneider, es el buen  retrato de una vida y de una sociedad. La cinta es desde ya la  elegida por la Academia Mexicana de Artes y Ciencias Cinematográficas para representar a México en la edición 2009 de los premios Oscar, para Mejor Película Extranjera.

Con todas esas inevitables expectativas me senté a verla y me atrevo a decir que le faltó mucho al final.

Los supuestos quedaron en el aire y eran demasiado importantes para no esbozarlos al menos. La buena fotografía se une a un muy buen manejo actoral para lograr una película a la que se le reconoce su ambientación y vestuario adecuado al México de los treinta. Ana Claudia Talacón (El crimen del padre Amaro) personifica de manera espléndida a la inteligente mujer que fue Catalina de Ascencio.

Dueña de unos ojos terriblemente expresivos, Talancón dota a su personaje de la  inocencia que necesita para crear a la niña de 15 años  que representa. Daniel Giménez Cacho no necesita presentación después de El Coronel no tiene quien le escriba y La mala educación.
Cosa difícil es crear la adaptación de una novela nacida de Mastreta.

Las comparaciones son inevitables: como lectora, esperaba ver a ese Carlos Vives (José María de Tavira)  válvula de escape del conflicto amoroso, que  permitirá que Catalina entienda lo que es la vida en su justa dimensión. Vives, en la novela,  es la esperanza para que Catalina pueda ver más allá de Ascencio y del temor a la jaula de oro. ¿Dónde está eso en la película, clasificada como la más millonaria de México?
Vives, en la cinta, es simplemente el amante, la locura, el amor fugaz sin que entendamos el porqué y  el cómo.

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