Me dolió dejarlos ir. Ellos han compartido distintos momentos de mi vida. Con ellos aprendí que la realidad más importante es la que está más allá de lo tangible. Que la imaginación crea mundos que la razón trata de alcanzar y construir, aunque no siempre lo logre. Que la tierra en su diversidad es una unidad y que lo que ocurre en la selva se relaciona con lo que ocurre en los desiertos. También aprendí que nuestro planeta no es el centro del cosmos, pero que es nuestro y somos responsables de él.
Me enseñaron que la condición humana es una y múltiple y que son muchos los misterios que encierra cada personalidad. Que las emociones enriquecen la vida y que las pasiones pueden elevar o destruir a los seres humanos.
Me dijeron que es necesario aprender a leer la historia, entender que sus momentos no se repiten pero determinan el porvenir. Que existe la justicia pero que hay que trabajar para que se mantenga vigente. Que la solidaridad es la esperanza del mundo y la libertad un valor irrenunciable.
Aprendí que la palabra es un instrumento clave para vivir con los demás, que ella comunica sentimientos, emociones, ideas, amor, dolor, recelos, envidias, conocimientos, promesas, pero que aún así, no desmerece el valor de un gesto, de una expresión del rostro, de una acción, de una caricia.
Con ellos descubrí que el cristianismo es realmente un compromiso existencial, una manera de vivir; que es bastante más sencillo, pero más difícil de lo que nos enseñaron porque compromete la vida.
Aprendí con ellos a soñar, a pensar, a dudar, a buscar, a comprender, a reír, a llorar, a aceptar que siempre habrá algo que no entienda, que la razón es importante pero no lo explica todo.
Ahora debo dejarlos ir, pero la vida está hecha de despedidas y aceptarlo quizás sea la clave de una vida adulta sana y en paz consigo mismo. Debemos dejar ir la infancia y sus sueños, la adolescencia y sus emociones, los proyectos alcanzados, los sueños imposibles, el dinero, el poder que obtuvimos y, a veces, las personas que amamos porque las reconocemos libres.
Ha llegado pues el momento de dejar ir algunos de mis libros. Quizás toquen otras vidas y alimenten otros ideales. Los donaré a un Proyecto de difusión de la lectura. Me ha costado dejarlos ir pero en ellos también aprendí el valor de compartir y que solo es para siempre lo que toca la esencia de los demás.