martes 25 de noviembre del 2008 Columnistas

La papa y la hambruna

La princesa de los tubérculos y reina de la mesa de las culturas andinas prehispánicas ha tenido una accidentada historia. Los conquistadores españoles, habituados al pan y huérfanos de buenos tubérculos, despreciaron a las papas; más todavía cuando descubrieron que la papa era pariente del belaño, planta venenosa. La llamaron trufa de tierra. No obstante poco a poco la papa (con el nombre equivocado de batata), fue conquistando el Viejo Mundo. El famoso pirata Sir Francis Drake la llevó a Inglaterra. Irlanda que era una especie de colonia inglesa, en 1845 fue víctima de epidemias y exacción por parte de los lores ingleses. Irlanda a pesar de las epidemias tenía que enviar su producción de trigo, cebada y hasta maíz a tal punto que se produjo la gran hambruna que costó más de un millón de vidas. Los que pudieron sobrevivir, lo hicieron a base de las papas que se cultivaron extensivamente.

En el otro lado de la medalla está Francia. El famoso cocinero del rey, Parmentiere, inventó tal variedad de exquisitos platos, que elevó a la papa a la cúspide del prestigio. Surgió la moda de la papa. En Europa, Francia era imitada, hasta en la comida. Montalvo en sus Siete Tratados dice: “El gran Parmentiere le supo dar a la papa tantos aspectos y sabores, que bajo la protección del rey de Francia el tubérculo vino a colocarse de un salto sobre todas las raíces del mundo. ¿Pudieron los antiguos salir airosos en sus comidas y banquetes sin la papa?”. En 1848 se erigió la estatua de Parmentiere. ¿Ahora se plantea si la papa podrá salvar de la hambruna a miles o millones  de africanos y asiáticos? Por muchos años Estados Unidos era el mayor productor de papas. Ahora son China e India.

Los científicos y técnicos de la FAO, desde hace poco tiempo, insisten en la importancia y conveniencia de impulsar el cultivo del tubérculo. Señalan ventajas frente al trigo y al arroz, en especial la poca variación del precio pues los cereales siguen incontenibles en precios más altos. Además se mencionan otras características: facilidad de cultivo, breve periodo de cosecha así como ventajas  alimentarias, entre ellas: buena fuente de calorías, vitaminas, zinc y hierro. Su cultivo requiere menos agua y energía que el trigo.

La ONU, el año pasado, aún antes del fuerte aumento del precio del trigo y el arroz, declaró al 2008, el  Año de la Papa,  con el propósito de estimular su producción sobre todo en el Tercer Mundo para hacer frente a la hambruna que se extiende en algunos países. El Programa Mundial de Alimentos ha anunciado ya, que requiere de 500 millones de dólares adicionales. En los organismos internacionales se tiene la esperanza de salvar vidas con la producción y consumo del alimento americano.

 

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