Oficialismo ganó en 17 estados, pero perdió los cinco más poblados y la alcaldía de Caracas.
Los resultados de las elecciones regionales del domingo en Venezuela ofrecen a todos razones para la celebración: el chavismo ganó más gobernaciones, pero la oposición obtuvo las mejores.
El Partido Socialista Unido de Venezuela, (PSUV), del presidente Hugo Chávez, ganó en 17 de 22 estados de Venezuela y se autoproclamó “primera fuerza política”, mientras la oposición obtuvo cinco gobernaciones, interpretándolo como una nueva victoria, tras la del referéndum de diciembre del 2007, cuando bloqueó la iniciativa presidencial para aprobar la reelección indefinida.
Ahora, casi el 44% de venezolanos –12 millones de habitantes– serán gobernados por opositores en las regiones más importantes del llamado “corredor electoral”, la zona norte costera del país, la más poblada y que representa el 70% de la actividad económica nacional.
Estas son la alcaldía Mayor de Caracas, la gobernación de Miranda –parte del área metropolitana de Caracas–, el petrolero estado de Zulia, el andino Táchira, fronterizo con Colombia, y Carabobo, corazón industrial del país, así como los municipios caraqueños de Baruta, Chacao y Sucre, este último que incluye la gran barriada popular de Petare, lo que rompe el mito de que todos los pobres de Venezuela votan por Chávez.
La sorpresa fue el triunfo de Antonio Ledezma en la alcaldía metropolitana de Caracas, frente a Aristóbulo Istúriz, uno de los candidatos más emblemáticos del PSUV. Aplausos y vítores con los que se celebraron cada una de las 17 gobernaciones conseguidas quedaron silenciados con esta derrota, la más dolorosa por inesperada.
Según Óscar Schemel, de la encuestadora Hinterlaces, los ciudadanos de Caracas dieron “un voto de castigo” a Chávez, culpándolo por una gestión ineficiente en la capital, en cuestiones como la lucha contra la inseguridad o la organización de los servicios públicos.
Agrega que “hay un chavismo moderado en desacuerdo con algunas decisiones del presidente que incluso puede votar contra Chávez sin dejar de ser chavista, y sin sentirse traidor.
Los resultados del domingo parecen evidenciar una pérdida de confianza en el mandatario, particularmente entre el electorado urbano, más resistente a sus reformas radicales.
“El resultado fue sensacional para la oposición. Ganar Caracas y Miranda les da motivos para celebrar y deja a Chávez con un hueso duro de roer para vender la idea de que su fuerza es incontestable”, dice Luis Vicente León, director de la encuestadora Datanálisis.
Tras su derrota del año pasado, el mandatario prometió a la población centrarse en resolver los problemas domésticos, pero, un año después, el alto costo de vida con la inflación rondando el 25%, la alta inseguridad, un enorme déficit habitacional y las carencias del Estado para dar servicios básicos parecen haberle pasado factura aunque su popularidad supera el 50%.
Pero aunque Chávez se mostró optimista y enfatizó en la victoria del oficialismo, el mandatario sintió el golpe, pues no acudió al llamado “balcón del pueblo”, un palco en el palacio presidencial donde tradicionalmente ha celebrado los triunfos electorales con sus seguidores y se limitó a una rueda de prensa en la que adelantó la necesidad de una autocrítica en sus filas.
Detalles
Alta participación
El 65% de los 16,8 millones de votantes registrados, sufragó el domingo, un nuevo récord para una elección, dijo Tibisay Lucena, presidenta del Consejo Nacional Electoral.
Sin disidentes
El oficialismo recuperó los estados de Sucre, Aragua, Guárico y Barinas, que tenían gobernadores chavistas que luego se separaron para pasar a la oposición.