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| Yaguachi exige a Conorte |
La cabecera cantonal de Yaguachi no ha recibido absolutamente nada de parte de Conorte y H. Consejo Provincial del Guayas, manteniendo aislada a esta ciudad de las obras prioritarias tales como: -La urgente ampliación de dos a cuatro carriles de la carretera Yaguachi-Jujan, del redondel (Finalín) al redondel (gasolinera San Lázaro), lo que se constituye en un embotellamiento vehicular en las horas del anochecer y un permanente peligro de transportistas y transeúntes, especialmente del sector rural, cuyas evidencias lo demuestran las estadísticas de la Comisión de Tránsito del Guayas, de las diferentes víctimas que se han dado en este sector.
-Canalización y adoquinado del margen derecho de la carretera Yaguachi- Milagro, es decir de la av. Jaime Roldós Aguilera, desde la calle Eugenio Espejo a la gasolinera San Lázaro, cuyas familias subsisten en forma infrahumana, pues viven adyacentes a un canal contaminado de aguas con heces fecales
-Construcción de paraderos en los lugares estratégicos de colegios, escuelas y centros hospitalarios.
Adoquinado de calles en sectores marginales, obras que la cabecera cantonal se merece, pues los peajes que son cobrados en su territorio deben ser retribuidos en algo, tal cual se lo hace en varios cantones y parroquias de la provincia.
-Avance de la calle principal José Wolf Herrera, en la cdla. Pedro J. Montero, para enlazar con la nueva carretera del PAN.
El H. Consejo Provincial del Guayas, de igual manera, no ha cumplido con la cabecera cantonal de Yaguachi en lo absoluto, especialmente en el campo educativo (construcción de aulas escolares). Ni con la reconstrucción de los caminos vecinales del sector agrario Finalín-Clementina, y Yaguachi-El Cóndor, km 25, vía Yaguachi-Milagro.
León Jacinto Erazo Díaz, licenciado, Yaguachi
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| Guillermo Rodríguez A. |
Cariñosamente conocido como Gara, ha caído víctima de la muerte, de aquella sombría imagen que cada quien la vemos y la interpretamos de distinta manera. Por vocación y aptitud, Guillermo Rodríguez Alvarado fue, además de periodista y poeta, un intelectual y pensador excepcional. Rodríguez nació para periodista y murió periodista. Sería bastante extenso referirnos detalladamente a los años que ejerció como “obrero de la prensa”, como solía definirse ante amigos y colegas más allegados. Igualmente, el contenido y significación de la poesía de Rodríguez Alvarado tuvo para mí fondos y reflejos de un universalismo plenamente adhesivo para hacernos sentir, palpar emotivamente aspectos que en ocasiones podrían pasar por ligereza o involuntario desapego, lamentablemente desapercibidos. Pero que, en los instantes de la meditación de la analítica seria, de las reflexiones, se comprendían fácilmente sus alcances puramente intelectuales, íntimamente humanitarios.
Como homenaje póstumo al gran Gara, transcribiré dos fragmentos de mi poema El cantor se nos va:
El cantor se nos va, parece que nos deja, de historias que despiertan, se visten nuestras voces/ el artista se va, no sabemos si triste descansa o alegre está buscando la canción que no hallara/ la estrella que una vez se le perdiera./ El artista se va pero está vivo, nos hace retornar con los recuerdos, con el verbo naciente que se queda/ el cantor se nos va, nos embarca en veleros de sueños y arco iris, su silencio es balada sin finales, amor que abraza todo sin decirlo, ramada de bohemia abrigadora/ pecho que va gritando ¡que vivimos!
Martín Torres Rodríguez, Guayaquil
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| Auge delictivo es ‘percepción’ |
Sí, no cabe duda de que es así. El auge delictivo que ha llegado a niveles jamás antes padecidos obedece a una “percepción”; pero no ciertamente de los medios de comunicación, sus reporteros y comentaristas. No. La percepción es de los delincuentes. Sí, así es. Ellos, los que ya estaban ejerciendo su “profesión” y los que nunca antes se habían atrevido o decidido a entrar en actividad, han “percibido” que “ahora es cuando”, porque como “la Patria ya es de todos” y con mayor razón “de los que menos tienen”, no solo que es legítimo hacerlo, sino que se puede ejercer el oficio sin riesgo alguno. Y esto, por una serie de razones. Para empezar, porque como ahora ya no existe el llamado Derecho de Propiedad, sino el “Derecho a la Propiedad”, los que “algo más tienen”, además de ser los odiosos y vilipendiados “pelucones”, enemigos de la revolución ciudadana, no son más que meros “tenedores” de bienes seguramente mal adquiridos, por lo que despojarles –dicen los amigos de lo ajeno– es un acto de justicia social. O una “recuperación”, como decían los compañeros de Alfaro Vive Carajo.
Al mismo tiempo se “percibe” que la impunidad está, de hecho, poco menos que garantizada. Y que lo está porque, para conseguir que se investigue un delito es indispensable realizar un procedimiento complejo, que comienza con la presentación de una denuncia que debe ir sustentada en pruebas irrefutables o al menos suficientes para que unos señores que se llaman “fiscales” inicien la elaboración del correspondiente proceso, al cabo del cual (es decir, el Día del Juicio Final, pero por la tarde) existe la posibilidad de que se castigue al autor o autores del delito. Naturalmente, si se ha logrado identificarlos, asunto que es casi imposible. Y como si esto fuera poco, a propósito de la sentencia, amén de que exista la posibilidad de que por motivaciones, que es muy delicado llamar por su nombre los magistrados que deben dictarla, opten por hacer lo contrario, es decir, por librar a los acusados de culpa y pena, quedará en lo futuro, gracias a una insólita innovación procesal aprobada por los ‘alzamanos’ de Montecristi, la posibilidad de que la sentencia se declare “inconstitucional”.
Con todo esto, es incuestionable que el auge delictivo, que ha puesto en estado de desesperación al Gabinete, al ‘politburó’ y al ciudadano Presidente, es –como bien lo ha dicho el mismo Ministro de las “percepciones”– solamente “la punta de un iceberg”, porque siendo consecuencia de una verdadera deformación de la conciencia colectiva, pone en evidencia un proceso de descomposición y fraccionamiento de la sociedad, de proyecciones ciertamente aterradoras.
Blasco M. Peñaherrera Padilla, doctor, Quito
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| Reconstrucción de carretera |
Se trata de la carretera que va desde el cantón Arenillas, en la provincia de El Oro, hacia los cantones de Puyango y Zapotillo, en la provincia de Loja, en una extensión aproximada de 200 km, a la que también se le denomina Eje Vial 2 del sur del Ecuador.
Esta vía se encuentra en mal estado y atraviesa ricas zonas agrícolas y ganaderas, y necesita urgente reconstrucción para facilitar el transporte de los productos agrícolas y pecuarios hacia los grandes centros de consumo nacional. Esto afecta también las actividades comerciales y turísticas de esta región fronteriza con el Perú.
Gilbert F. Ortega Calderón, ingeniero, Guayaquil
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| Guayaquil mejora, pero el tránsito vehicular no |
Dentro de los cambios que se llevan a cabo en la ciudad de Guayaquil, preocupa ver cómo el tránsito en sus distintas manifestaciones sigue siendo problemático, caótico y sin estar acorde con las transformaciones que se dan en la urbe; una de las principales razones es la dirección bicéfala que se da en su manejo y control entre la CTG y el Municipio de Guayaquil –hace poco vimos en la prensa la posición de ambas instituciones–, cuyos líderes piensan y actúan con criterios distintos que, en lugar de favorecer, muchas veces perjudican a la ciudad.
Existe una mala y pésima señalización: letreros mal ubicados, mal diagramados, tanto en tamaño como en colocación; letras y colores no adecuados, pinturas corroídas en muchos lugares de la ciudad, lo cual genera confusión y propende a causar accidentes.
La CTG no solamente falla en esto, sino también en el control del tráfico –tanto peatonal como vehicular–; esto a expensas de los buses, quienes son amos y dueños de las calles, lo cual sí lo haría un sistema de semaforización inteligente, como el aplicado en la Metrovía.
El uso de conos reflectivos, que lo vimos exitosamente en la provincia de Santa Elena, al inicio de su provincialización, debería ser empleado más a menudo, especialmente para controlar y guiar a los buses que tratan a toda costa de “adueñarse” de las calles de la ciudad.
Creo que estos problemas serían solucionados si el tránsito en la ciudad de Guayaquil fuera manejado por una sola institución, que a mi parecer debería ser el Municipio de Guayaquil, con una policía única, que sería la fusión de los vigilantes de la CTG y los policías metropolitanos, quienes se encargarían del manejo técnico del tránsito en todas sus manifestaciones, policía que debería salir de escuelas especializadas y reunir requisitos mínimos para tal función, como son: ser nativos, identificados y conocedores de la región, así como de la idiosincrasia de sus habitantes; por lo que recibiría una remuneración digna y acorde con las responsabilidades a asumir.
Creo que en esta materia falta mucho por hacer; hemos visto resultados alentadores como es la Metrovía, el arreglo de calles, inauguración de túneles, etcétera, pero no dejan de ser preocupantes las altas estadísticas en cuanto a accidentes y contravenciones que se dan a diario.
Antonio Martínez González, doctor, Guayaquil
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