lunes 24 de noviembre del 2008 Columnistas

Cultura política

Dos de cada tres ecuatorianos consideran que la democracia es la mejor forma de gobierno. Es una buena noticia, ya que solamente una minoría prefiere una dictadura o un gobierno autoritario. Sin embargo, esas mismas personas se muestran muy poco tolerantes. Solo cuatro de cada diez están de acuerdo en que se deben garantizar los derechos de quienes no piensan como ellos. La posibilidad de organizarse, manifestarse y participar política y socialmente, debe estar restringida –dice la mayoría– solo para quienes piensan de un modo específico. En conjunto las dos respuestas configuran una concepción bastante extraña de la democracia. Se podría decir que la mayoría la prefiere como forma de gobierno, como expresión política, pero que no la comprende como una pauta en su vida cotidiana, especialmente en su relación con las otras personas.

Esas y otras conclusiones se extraen del estudio ‘Cultura política de la democracia en Ecuador, 2008’, elaborado por el Proyecto de Opinión Pública de América Latina, de la Universidad de Vanderbilt. Es la cuarta ocasión en que se realiza este estudio en veintitrés países del continente, de manera que se puede observar la evolución de cada país a través del tiempo, así como la situación de cada uno de ellos dentro del conjunto. De esta manera se puede ver que, a pesar de que ha habido una evolución levemente positiva en algunos aspectos con relación a años anteriores, Ecuador sigue ocupando los últimos lugares en la mayor parte de los temas que tienen relación con la democracia y con sus instituciones. En apoyo a la democracia está en el puesto 18 entre 22; en apoyo al derecho de participación se ubica también en el 18 pero entre 21; y en tolerancia se encuentra en el puesto 19 entre 22. Seguimos en el fondo de la tabla, para decirlo en términos futbolísticos, donde la mayor parte de las veces nuestros competidores son Haití y Honduras.

Un dato positivo es la mejor calificación que se asigna al manejo económico del Gobierno. En los años 2001, 2004 y 2006 tuvo un puntaje de 27,1, 28,1 y 16,4, respectivamente, mientras la medición de este año llega a 43,4 sobre 100. El problema es que, cuando se relaciona este dato con otros indicadores, se aprecia el enorme peso que tiene el presidente Correa en ese cambio de percepción. Así, los débiles incrementos en la legitimidad de las instituciones, en la confianza interpersonal, entre otros, dependen en gran medida del apoyo al Presidente o de su presencia. No se trata, por tanto, de cambios derivados de convicciones fuertes acerca de la democracia, sino fundamentalmente de un fenómeno de personalización de la política. Como se ha dicho reiteradamente, el proceso de cambios que vive el país está indisolublemente ligado al liderazgo único e insustituible de Rafael Correa. Los datos de este estudio, de lectura obligada para académicos y políticos, confirman esas apreciaciones. Con ello, quedan sin respuesta las dudas acerca de la permanencia y la consolidación de este proceso más allá de la figura presidencial.
Columnistas

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.