La doctora argentina Ana María Cusumano está muy relacionada con el área de nefrología en Latinoamérica. La semana pasada participó en un congreso que se desarrolló durante tres días en la ciudad, donde palpó de cerca la realidad que vive Ecuador en cuanto a las enfermedades renales crónicas, una amenaza a nivel mundial que en este país se acentúa al 11% de una población que aún no dimensiona las consecuencias de este mal.
¿Qué conclusiones sacó del congreso ecuatoriano? Se han focalizado en cuanto a temas de detección y prevención de la enfermedad renal, que es algo que excede a los nefrólogos y que debe llegar a la comunidad. Hay personal capacitado, pero el mensaje debe reproducirse a la comunidad. Si se cumple, será importante.
¿Cómo analiza la situación actual de Ecuador? He visto que hay bastante preocupación y confío en que empezarán a tomar conciencia de la dimensión del problema. Aspiro que en los próximos años se cumplan programas de ayuda. También depende mucho de los nefrólogos, quienes son los responsables de transmitir sus conocimientos.
A nivel general, ¿cómo analiza la situación por enfermedades renales crónicas? La tasa de prevalencia de personas que están bajo tratamiento renal es baja. Eso está determinado, fundamentalmente, porque no hay cobertura para el 100% de los pacientes. Solo tienen acceso quienes poseen seguro de salud o están vinculados al hospital.
¿Tiene conocimiento de cuál es la realidad de este país? Lo que escuché es que va a haber una ampliación de fondos del Estado para cubrir los tratamientos de diálisis y que de hecho ya se están implementando. Supuestamente hay una ampliación en el último año de la cobertura. El plan es seguir adelante y armar a nivel hospitalario equipos de trasplante. Me parece que en Ecuador están en pleno proceso de desarrollo.
Una opción para tratar las enfermedades renales crónicas son los trasplantes, sin embargo son poco accesibles. ¿Cómo se puede resolver este problema? La única cosa más barata que hay del trasplante es la muerte. El problema no pasa por si es caro o barato, sino por implementar un plan nacional de cobertura.
¿La donación de órganos es un problema a nivel mundial? No. Argentina tiene un programa bastante aceptable de captación y distribución de órganos. Uruguay también lo tiene. Ese país es un ejemplo de cómo se organiza un buen programa de diálisis y trasplante. Brasil hace 7.000 trasplantes por año. Sí hay pero son poco difundidos.
¿Qué problemas hay en la comunidad para acceder a esos programas? Lo fundamental son los recursos. Cuando usted abre la puerta y le ofrece cobertura al 100% de la población, toda la comunidad pugna por saber.