Los pacientes se quejan por la falta de especialistas en las áreas de consulta externa hospitalaria.
Afiches en los hospitales y promociones en la televisión sobre el servicio de salud gratuita que ofrece el Estado contrastan con la realidad en esos centros.
En algunas casas de salud de Guayaquil, a más de las medicinas, a los pacientes les toca comprar hasta los guantes esterilizados para los médicos.
Las autoridades locales afirman que la gratuidad en la salud es una meta a la que se quiere llegar progresivamente y que las necesidades en las casas asistenciales, donde existen deudas antiguas por consumo de agua y luz, deben ser resueltas por sus directores con los recursos asignados.
El art. 362 de la nueva Constitución es el más publicitado: “Los servicios públicos estatales serán universales y gratuitos en todos los niveles de atención y comprenderán los procedimientos de diagnóstico, tratamiento, medicamentos y rehabilitación necesarios”.
Paradójicamente, también hay carteles que revelan el incumplimiento de la misma gratuidad y en los que difunde la falta de insumos necesarios como guantes hasta fármacos básicos como la vitamina C, el complejo B o antibióticos contra infecciones y el dolor.
Las deficiencias, incluso, alcanzan al recurso humano. En algunas unidades la cantidad de médicos especialistas es insuficiente para atender a los pacientes, quienes han tenido que esperar hasta tres días por un turno de atención de salud.
Los usuarios esperaban que con la extensión los horarios de atención en la consulta externa del país hasta las 16:00, en los centros de salud y dispensarios, y hasta las 20:00 en los grandes hospitales, que rige desde abril del año pasado, ya no hubieran estos problemas.
“Todo paciente tiene que traer sus guantes”, se lee en la puerta del consultorio ginecológico del área de Emergencia del hospital Abel Gilbert Pontón, en el corazón del suburbio de la ciudad. En el área de Cirugía Menor se indica: “Toda atención médica es gratuita, de igual forma la medicación que existe en el hospital”.
La falta de medicinas es la queja más frecuente de los pacientes. En la farmacia del hospital de niños Francisco de Ycaza Bustamante no había vitamina C ni complejo B para los niños el miércoles pasado.
María García, de 43 años, mostraba la receta con serie 046490 que le había dado el pediatra Farid Alejandro para su hijo Franklin Castro, de 6 años, enfermo de las amígdalas. “En la farmacia me dicen que regrese más tarde para ver si les llega”, reclamó García esa tarde.
La semana pasada, el hospital de infectología José Daniel Rodríguez no tenía las 20 cápsulas de ciprofloxacina ni las 20 de dextropoxifeno que necesitaba Sandra Quimí, de 26 años, para combatir una infección bacteriana que tenía su madre. Con los 200 dólares que gana como comerciante Quimí debió dedicar $ 20 para las medicinas. “Solo me alcanzó para la mitad, por eso mi mamá no terminó el tratamiento”, se quejó.
Como no se curó, el miércoles pasado Quimí volvió para que a su mamá le hagan una ecografía abdominal que determine la causa real de la infección. A las 09:00 de ese día, la mayoría de las áreas médicas registraban largas columnas de pacientes a la espera de un turno. Nelly Carpio, de 61 años, hacía gestos de malhumor porque llevaba tres días sin lograr atención en Infectología. “Desde el lunes no me atienden, hoy (miércoles) tengo el tique 39 para que el neumólogo, el doctor Piedra, me atienda en la tarde”, protestó Nelly, más enojada porque había salido desde las cuatro de la mañana desde el Guasmo Sur hasta el hospital, en el norte.
A su lado, Ángela Santos, de 60 años, está molesta por la larga fila que ha tenido que hacer desde las cuatro de la mañana para recibir el turno 10. “El Presidente dijo que nadie iba a tener que hacer colas, mire esto”, dice. No es la primera vez que tiene que acudir a este hospital y lo que más le preocupa son las medicinas. “Es raro el remedio que hay, uno tiene que comprar en la calle, lo que vale 20 centavos no más le dan”, critica.
En el pediátrico Francisco de Ycaza Bustamante incluso hay madres que aseguran que los cobros por atención no terminaron pese a que desde abril del año pasado el Ministerio de Salud Pública dispuso que no se cobren los valores por concepto de autogestión (de $ 0,50 a $ 2 en las consultas). Yolanda Vergara, de 42 años, afirmó que en ese hospital ha tenido que pagar dos dólares por la atención del odontólogo a sus hijas de 4 y 9 años. “Nos dijeron que era por la anestesia o por el flúor que les tienen que poner a los niños en sus dientes”, contó Vergara. No obstante, la directora de esta unidad médica, Patricia Parrales, negó los cobros. Directores de otros hospitales sí confirmaron las deficiencias.
Isidra Hernández
Paciente
“No hay garamicina (dolor) ni alercet para las alergias”.