La explosión de una bomba en una carretera mató este lunes a 13 empleadas del Gobierno que se dirigían en autobús a su trabajo en el este de Bagdad, mientras que una suicida acabó con la vida de otras cinco personas afuera de la Zona Verde de la capital, según la Policía.
Estos ataques son los más recientes de una serie de explosiones en la capital iraquí, donde la violencia ha caído abruptamente pero los insurgentes demuestran que todavía son capaces de protagonizar incursiones a gran escala.
La policía dijo que las mujeres eran empleadas estatales que trabajaban en el Ministerio de Comercio. Un funcionario de seguridad en el hospital, que declinó ser identificado porque no tenía autorización para hablar, dijo que había contado 13 cadáveres en la morgue.
Agregó que otras cuatro personas heridas estaban siendo atendidas.
El portavoz de seguridad de Bagdad, mayor general Qassim Moussawi, dijo que tenía reportes de que una docena de personas murieron y que la mayoría de las víctimas se quemaron vivas adentro del autobús.
Añadió que una bomba había sido ajustada al mismo ómnibus. Ese tipo de artefacto explosivo está siendo utilizado cada vez más por militantes para asesinar a empleados del Gobierno o funcionarios de seguridad.
En el otro ataque, la policía informó que una suicida que llevaba un chaleco explosivo mató a cinco personas y provocó heridas a 12 afuera del complejo fortificado de la Zona Verde, que alberga a empleados del Gobierno de Estados Unidos y algunos ministerios iraquíes.
Un periodista vio a la Policía limpiando con una manguera la sangre esparcida por las calles tras la explosión. Pedazos de carne salpicaban las paredes de cemento que protegen el complejo.
El Ejército de Estados Unidos dijo que dos de los muertos eran soldados iraquíes.
Las mujeres suicidas son una marca registrada de Al Qaeda, que las utiliza porque son menos propensas a ser registradas. Moussawi dijo que tenía reportes que indicaban que la mujer era discapacitada mental y no sabía lo que estaba haciendo.