Voy a abrir el cofre que guarda valiosos recuerdos de la época en que la producción cinematográfica de México era la de mayores quilates de los países de habla hispana.
Mi generación recuerda la historia del cine mexicano contada por nuestros padres o tíos. Nombres como Pedro Armendáriz, Dolores del Río, Pedro Infante, Jorge Negrete, Germán Valdés Tin Tan, el “indio” Fernández, Silvia Pinal, Julio Bracho, Sarah García, entre otros, que quienes vivieron entre 1935 y 1958 me sabrán disculpar si olvido alguno de los favoritos.
En esta época se consolidan los grandes directores, actores y actrices, que son considerados míticos y hasta los temas de las películas siguen siendo vigentes.
Fue en los años cuarenta cuando se levantan infraestructuras que permitieron la grabación de producciones: Estudios Azteca, Churubusco y Cuauthtémoc. El melodrama es el género de mayor demanda, que mezcla la canción romántica, la radionovela y la novela rosa.
La época de oro de cine mexicano fue un medio de enorme difusión, donde se reflejó la realidad social de México en esos años. Trataba temas familiares, cómicos, el nuevo cine de charros, de luchadores y de rumberas. Este último mostraba la vida de barrios pobres de México. Casi todos los filmes contaban con alguna variante, la historia de pobreza sobrellevada con honradez. La chica de provincia llega a la ciudad, descubre la maldad de la gente con dinero y por el rechazo es sentenciada a bailar en un cabaré.
Acudir a una sala de cine en esa época era el plan predilecto para unir a las familias, ya que en esos años no existía la televisión. También se convirtió en el marco romántico para las declaraciones amorosas, la primera agarrada de mano, el primer beso, y hasta testigo mudo cuando se tomaba la decisión para la fuga de amor.
Las producciones mexicanas crearon moda: mujeres de lindo rostro, despachada figura con una cintura de avispa, peinados enrulados, pestañas infinitas y hasta lunares falsos. En los hombres: marcados bigotes, pelos mojados y encerados, sombreros y parada de macho hasta para encender un cigarrillo.
La gente encontró modelos de conductas y de lenguaje. Aquí quiero hacer un alto y recordar con admiración a mi querido Cantinflas, personaje que fue inspirado en “los pelados” de los barrios pobres de México. Las películas de Mario Moreno fueron bien aceptadas en algunos lugares de los Estados Unidos y Francia.
Su excelencia, uno de mis filmes favoritos, muestra a un destacado Cantinflas en los zapatos de un embajador: “Estamos viviendo un momento histórico en que el hombre científicamente e intelectualmente es un gigante, pero moralmente es un pigmeo”.
Entonces, el cine era un excelente negocio y los estudios cinematográficos no paraban de producir películas con los actores de moda. Era la afamada “época de oro” del cine nacional, cuando se tenía conquistado el mercado interno y se dominaba también el Centro y Sudamérica.
Para María Félix, los diamantes quitan los nervios. Para la nueva ola de talentosa cultura mexicana: Diego Luna, Gael García Bernal, Cuarón, Del Toro, González Iñárritu, entre otros, encontrar fondos, los medios y la confianza hará desvanecer la ansiedad de agigantar la industria cinematográfica mexicana, que de a poco empieza a mostrar de nuevo su brillo.
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