Inicio - eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
DOMINGO | 23 de noviembre del 2008 | Guayaquil, Ecuador
 Ediciones Anteriores
  
eluniverso.com Suplementos Especiales Servicios Clasificados
Publicidad
Portada
Política
Economía
Sucesos
Migración
El País
Internacionales
Deportes
El Gran Guayaquil
Vida
En escena
Religiosa y Obituarios
Opiniones
Editorial
Columnistas
Cartas al Director
Temas
Fotogalerías
Agropecuario
Cuéntamelo todo
Un día como hoy
El Alquimista
The New York Times
Eloisa dice
Suplementos
Servicios
Paulo Coelho | Especial para EL UNIVERSO |
Sobre cómo la ciudad fue pacificada
Imprimir esta noticia
Cuenta una vieja leyenda que cierta ciudad, situada entre las montañas de los Pirineos, era un verdadero reducto de traficantes, contrabandistas  y exiliados. El peor de estos criminales, un árabe llamado Ahab, tras ser convertido por Savin, un monje del lugar, decidió que aquella situación no podía prolongarse por más tiempo.

Como todos lo temían, pero no quería volver a usar su reputación de malvado para lograr sus objetivos, en ningún momento intentó convencer a nadie. 

Y esto porque conocía la naturaleza de los hombres: confundirían honestidad con debilidad, y enseguida su poder sería puesto en entredicho.

La horca
Lo que hizo fue llamar a algunos carpinteros de una aldea vecina, darles un papel con un dibujo  y mandarles que construyesen algo en el lugar donde hoy se encuentra la cruz que domina la población. Día y noche, durante diez días, los habitantes de la ciudad escucharon ruido de martillos, vieron a hombres cerrando piezas de madera, preparando encajes, colocando tornillos.

Al cabo de diez días, el gigantesco rompecabezas estaba montado en medio de la plaza, cubierto con un velo. Ahab llamó a todos los habitantes para que presenciasen la inauguración del monumento.

Solemnemente, sin ningún tipo de discurso, descorrió el velo. Era una horca.

Con cuerda, trampilla y todo. Nuevecita, cubierta con cera de abejas, para que pudiese resistir durante mucho tiempo a la intemperie.
Aprovechando que allí había una multitud aglomerada, Ahab leyó una serie de leyes que protegían a los agricultores, incentivaban la cría de ganado, premiaban a quien trajera nuevos negocios a la región, añadiendo que desde ese momento en adelante todos deberían conseguir un trabajo honrado o marcharse de la ciudad.  No mencionó ni una sola vez el “monumento” que acababa de inaugurar. Ahab era un hombre que no creía en las amenazas.

Al final del encuentro se formaron varios grupos. A la mayoría le parecía que Ahab había sido engañado por el santo, que ya no tenía la misma valentía de antaño y que era preciso matarlo.

Durante los días siguientes, se trazaron muchos planes con ese objetivo. Pero todos se veían obligados a contemplar esa horca en mitad de la plaza, y se preguntaban: ¿Para qué la puso allí? ¿Acaso la montaron para ejecutar a los que no obedezcan las nuevas leyes? ¿Quién está del lado de Ahab y quién no lo está? ¿Hay espías infiltrados entre nosotros?

La horca miraba a los hombres, y los hombres miraban a la horca. Poco a poco, el coraje inicial de los rebeldes fue dando lugar al miedo. Todos conocían la fama de Ahab, sabían que era implacable en sus decisiones.
Algunas personas abandonaron la ciudad, otras se decidieron a probar los trabajos sugeridos, simplemente porque no tenían a dónde ir, o como consecuencia de la sombra de aquel instrumento de muerte en el centro de la plaza.

La cruz de Ahab
Algún tiempo después, el lugar estaba en paz, se convirtió en un importante foco de comercio en la frontera, comenzó a exportar la mejor lana y a producir trigo de primera calidad.

La horca permaneció allí durante diez años. La madera resistía bien, pero periódicamente se cambiaba la cuerda por otra nueva. Nunca llegó a usarse.

Nunca Ahab pronunció ni una sola palabra sobre ella. Bastó su imagen para convertir el valor en miedo, la confianza en sospecha, las bravuconadas en susurros de conformidad.

Transcurridos los diez años, cuando la ley finalmente imperaba en Viscos, Ahab mandó destruirla y construir, en su lugar, una cruz.
 Agenda
Guayaquil
Jornada de Adviento

La Rama de Señoras de Schoenstatt invita a su tradicional Jornada de Adviento, que se realizará el próximo martes, de 08:30 a 12:30, en la sala de conferencias de la Casa de Retiros, ubicada en el km 5,5 de la av. Juan Tanca Marengo.  Valor:  $ 7. Informes al  226-4998.
Más Actividades 
Secciones : Política | Economía | Sucesos | El País | Internacionales | Deportes | El Gran Guayaquil | En escena | Vida
eluniverso.com | Suplementos | Especiales | Servicios


eluniverso.com Noticias del Ecuador y del mundo
Diario El Universo - Av. Domingo Comín y Calle 11 - Guayaquil, Ecuador
Telf.: 593 4 2490000 Fax: 593 4 2492925 P.O. Box: 09 01 0531
Clasificados: 593 4 2495566 Suscripciones: 1-800-DIARIO

Este diario es miembro de AEDEP, SIP, WAN

© Derechos reservados 2008 C.A. EL UNIVERSO
Prohibida la reproducción total o parcial de este contenido sin autorización de C.A. EL UNIVERSO