Todavía no se establece fecha para la reinauguración. El pasado jueves hubo una prueba de sonido con un ensayo de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil.
Para el violinista Álex Jimbo Viteri, de 21 años, integrante de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, la prueba de sonido que el Teatro Centro Cívico efectuó el jueves pasado, con un ensayo de la institución musical, fue un momento muy especial. Significó retornar al escenario en el que debutó como músico hace quince años, cuando apenas tenía 6. “Tengo gratos recuerdos de este teatro”, comenta, satisfecho de que tras un proceso de remodelación que llevó seis años, este lugar esté casi listo para reabrir sus puertas.
“La remodelación ha tomado aparentemente más tiempo del que debió tomar. El proceso no siempre fue continuo, aunque la obra no se paralizó. Hay mucho trabajo que en el tiempo no se ve”, justifica el arquitecto Pablo Lee, director del equipo que se encargó de la readecuación del edificio.
En el teatro que Jimbo debutó predominaba el color vino. Ahora son los tonos grises y metálicos, combinados con colores cálidos, y que Lee conceptúa como más sobrios y contemporáneos, los que dominan en la edificación, ubicada al sur de la ciudad, y que pese a haber completado su readecuación –faltan que lleguen los últimos equipos de iluminación y sonido que han sido importados, para que quede totalmente operativo– aún no tiene fecha para la reinauguración, ni se ha definido qué usos tendrá.
“Estamos trabajando con los funcionarios del Banco Central. Tenemos que arreglar aspectos jurídicos. Por ejemplo, el comodato entre el Municipio y el Banco Central”, dice el ministro de Cultura, Galo Mora, titular de la cartera de Estado que, según la Constitución, será el ente que articule a las instituciones que realizan actividades culturales con dinero del Estado.
La historia del Teatro Centro Cívico se remonta a 1970, cuando se lo empezó a edificar en el gobierno de José María Velasco Ibarra. Desde entonces ha sufrido retardos y postergaciones en su construcción, al punto de ser considerado un elefante blanco. En 1980, la Municipalidad de Guayaquil lo entregó al Banco Central del Ecuador mediante la firma de un comodato por 99 años. Se inauguró recién en 1990, en la presidencia de Rodrigo Borja.
El Banco Central anunció la remodelación de este espacio, que servía como escenario para espectáculos y como escuela de arte, a partir del 2002. Consultados sobre el monto total de la inversión en la obra, los funcionarios de la entidad financiera se negaron a revelar una cifra exacta. Al momento están haciendo el consolidado y lo tendrán recién la próxima semana, argumentaron.
De lo que sí se habla es del tipo de labor que se efectuó. Lee manifiesta que se ha respetado el diseño anterior. “Lo que se ha hecho es actualizarlo”, dice, sobre todo en lo referente a sonido e iluminación, “puesto que la tecnología cambia rápidamente”. Y hay algunos ajustes, como la disminución de butacas. “Antes tenía un aforo para alrededor de 1.800 personas, ahora es para 1.500”, cuenta. De este modo se amplió el espacio entre las filas, para que el público circule sin dificultad. Y en la platea alta se sacrificaron filas para ubicar salidas de emergencia, con las que en este nivel no se contaba. Se han cambiado las butacas, así como las alfombras y el sistema de aire acondicionado. En el ingreso se han colocado rampas para discapacitados y se incorporaron un ascensor y otra boletería. El lobby de la planta alta se amplió. Y se ha logrado que el teatro se conecte, a través de una terraza, con una cafetería ubicada hacia el Parque Forestal.
“Prácticamente el teatro está”, sostiene Lee, aunque todavía no ha entregado la obra concluida. “El proceso de entrega es un ciclo”, se defiende e indica que pruebas de sonido como la que hubo el jueves con la Sinfónica de Guayaquil permiten hacer los ajustes pertinentes.
En él coincide Raymundo Portilla, técnico cubano que se encargó de la acústica del teatro. Él explica su trabjo así: “Fue un proyecto basado en mejorar diferentes situaciones que existían. Todo era en concreto, tenía unas grandes moles que daban eco y el tiempo de reverberación era muy malo, al igual que la difusión”. Con las adecuaciones que se le han hecho, con madera, “la sala ha quedado perfecta con respecto a su acústica”, comenta este cubano.
Anita von Buchwald, titiritera que por años ofreció funciones en el Teatro Centro Cívico y fue profesora de las escuelas de arte que funcionaban en el lugar, dice que ojalá que una vez que se reinaugure, la entidad retome esas actividades. “Y que en la dirección del teatro pongan a gente capacitada”, agrega.
“Sería bueno y motivador que el teatro sea la sede de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil”, expresa Jimbo.
BREVES
ESPACIOS
El Teatro Centro Cívico es una edificación que consta de dos plantas. Tiene un teatro principal, dos miniteatros y salas de usos múltiples.
EN PLAZA
La edificación está ubicada en Quito y Bolivia y forma parte de un conjunto que hace más de un lustro fue bautizado como Plaza de las Artes y Oficios.
FUNDACIÓN
El Teatro era manejado por una fundación que llevaba el mismo nombre de la entidad. En el lugar se presentaron artistas como Joan Manuel Serrat, Mercedes Sosa, entre otros.